No sé qué hora es, sólo veo que el sol está bajo. Tampoco sé qué día es. Estamos en cuarentena y la repetición constante de una rutina muy básica, y que nadie en la casa marque el tiempo con sus llegadas y partidas o los compromisos atados a un calendario y un reloj han hecho que esté navegando a la deriva, perdido en esta porción de tiempo.

Pretendiendo que las redes sociales sean un lugar de encuentro, navego de acá para allá, y ahí aparece la publicación que reza que te has ido para siempre, que has muerto.

No sé si es martes o miércoles, tampoco si son las 7 de la mañana o las 7 de la tarde. Sé que me voy a olvidar que ya no estás, por esto de andar de acá para allá, como muchas veces me olvidé que existías…

Hasta que te recuerde, seguro voy a estar caminando en alguna calle de Gualeguay y va a ser de noche, en ese momento voy a agarrar la San Antonio, al llegar al kiosco voy a comprar una pila para la guitarra y luego voy a cruzar la calle y entraré en lo Josué. Hay peña.

Adentro están todos. El Pirulo Ibarra, el Omar Morel, el Nacho y el Pedro Calandria, el Hugo Duraczek, el Rata Mena, el Raúl Ponce, el Oscar Frisanco, el Turco Ahibe, el Goyo Morán, el Gringo Lonardi y tantos más. También está el Gurí Bravo, el Japo Vela, el Adrián Tournie, el Leo Castaño, el Arito Cardozo, el Martín Lucero y el Marito Fiorotto. Vamos a tocar últimos porque llevamos un montón de bártulos, la Vanyu va a pintar. Esa noche va a ser cuando te conocí.

Y lo primero que voy a hacer es darte un abrazo, voy a brindar con vos y mirándote a los ojos te voy a decir gracias loco por lo bueno que vas a ser conmigo, por acompañar siempre todos los proyectos que voy a emprender; te voy a decir gracias por festejarme con una sonrisa y con tus palabras generosas todo lo que voy a seguir haciendo en este camino. No sabés lo lindo que se va a sentir tu alegría.

Este artificio de volver el tiempo atrás es para decirte lo que nunca te dije, Orlando Ponce, ahora que ya no podré.

Chango Ibarra