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Reunidos por primera vez, todos los poemas de Juan José Manauta se publican en un libro que incluye cartas, apuntes y entrevistas.

En los poemas de Juan José Manauta, el río se alza como una mujer amada y perdida, una mujer que se guarda en un lugar secreto y que se extraña con tenacidad. Manauta se fue de su Entre Ríos natal en la adolescencia y llegó a La Plata para estudiar Letras en 1938.
Allí se afilió a la Fede (Federación Juvenil Comunista de la Argentina) y terminada la carrera quiso volver a Gualeguay, pero por razones políticas (en 1943 fue arrestado con otras setenta personas y trasladado a Paraná) finalmente debió radicarse en Buenos Aires.
Sus versos añoran, rescatan y preservan desde la distancia –solamente física– esa Gualeguay de su infancia, esas tierras blancas que signarían su obra. “ Nada podré ocultar esta noche a las flores y al tiempo, / hoy ya pueden haber caído todas las estrellas sobre el mar, / hoy pueden haber muerto cien jardines más de otoño / y los ángeles haberse separado de sus voces transparentes, / que tú seguirás inclinada –mirando el verde ausente– / sobre mi memoria ”. Entre líneas aparecen sus lecturas: el Rubén Darío que su madre sabía de memoria y recitaba en la cocina, el Miguel Hernández del “acento de raíz popular y de la profundidad lírica” (en palabras del propio Manauta) y los primeros libros de su querido Juan L. Ortiz.
Manauta utiliza las palabras como piedras, las escoge pesadas, redondas, y así como en él dejaron marcas, quiere que esas mismas huellas queden en el lector. “ Si sales, cierra bien. / No saldré, padre, esta noche / que la mujer silenciosa / me ha dicho que no volveré ”. La muerte, el olvido y la pérdida acechan al poeta, lo persiguen en la soledad del destierro. “ Aquí nació, creció, luchó y amó, y aquí lo despojaron, / pero aún cuida las tardes, está atento al reflejo / y aún aprieta el otoño en una mano. // Cuando hacia el mar final todas las rosas huyen / –memorioso cantor sin miedo, desterrado–, / respira el aire antiguo y con el mismo viento, / esgrime la cosecha en un puñado ”.
Decía Juan L. Ortiz en 1945, poco después de la edición de La mujer de silencio , el primer poemario de Manauta: “Otro valor se incorpora a la joven lírica de Entre Ríos. (…) he aquí que aparece otro poeta también elegíaco pero de una entonación grave y viril, sobria, para realizar el milagro de decir muchas vagas e inquietantes cosas de nuestro paisaje y de nuestros pueblos”.
Por primera vez recopilada, la Editorial de la Universidad de Entre Ríos (Eduner) acaba de editar toda la poesía de Juan José Manauta: sus dos libros de versos publicados en vida ( La mujer de silencio , 1944, y Entre dos ríos , 1956/2009), junto a poemas inéditos, canciones, manuscritos con distintas versiones de los textos, cartas, entrevistas, apuntes encontrados en su archivo, fotos y reseñas sobre poetas como Juanele, Miguel Hernández, Raúl González Tuñón, Elvio Romero y Jorge Calvetti. La misma editorial había publicado en 2006 sus Cuentos completos .
La amistad de “Juan José y Juan L.”, registrada en un capítulo del libro, se plasmó también en la poesía de Ortiz. En Gualeguay (La brisa profunda, 1954) rememoró a Manauta: “ Pero llegó Juan José, ciudad, para tomar sobre sí tu dolor callado y tu gracia lastimada. / Y fuiste tú y lo de más allá, al fin, una gran ‘mujer de silencio’, una ‘infinita mujer de tala y sauce’... / Con él, de nuevo por tus dulzuras pasmadas y huidas a la vez por tus llagas quietas...”
Ariel Pérez Guzmán para Revista Ñ