Nuestra patria, no hay dudas, fue construida por manos de todos los orígenes. El famoso crisol de razas que nos caracteriza, compuesto por sangres llegadas de los cuatro puntos cardinales, es el artífice exclusivo de lo que somos hoy, algo que, injustamente, hace que muchas veces olvidemos de donde venimos.

El 18 de febrero de 1812 el poder constituido por el Triunvirato, formado por Manuel de Sarratea, Juan José Paso y Feliciano Antonio Chiclana, en el que actuaba como secretario Bernardino Rivadavia, hizo saber al Jefe del Ejército Mayor que: "el gobierno ha resuelto que se reconozca y se use por las tropas la Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que deberá componerse de dos colores, blanco y azul celeste, quedando abolida desde esta fecha la roja que antiguamente se distinguía".