Desde su infancia en Madrid, soñaba con esa oportunidad. Casi desde que comenzó su amorío con la pelota. Quien no soñó con una bola así, que te llegue servida, para vos. Realmente soñada.

Ya en el vestuario, terminado el partido, el marcador derecho español debe haber recordado haberse dormido imaginándose un gol así, con la camiseta del Real. Pero con la casaca roja, en un mundial, y contra Portugal, eso sí que es otra cosa.
Y se dio. A sus 28 años, después de 17 años en el Real, donde había llegado a los 11 años, fue convocado por Lopetegui para la selección española. No solo eso, después de la crisis días antes, el nuevo DT, Hierro, lo eligió como titular en la defensa .
Seguramente, en algún momento, la noche anterior a su debut en un mundial, él volvió a soñar con una pelota así.
Así llegó el momento del partido, de pisar la cancha, de las ovaciones, y de las primeras pelotas. Pero, tempranito nomás, lo sorprendió el error. Lo durmió Ronaldo y fue penal. Gol del portugués.
Uno a uno, dos a uno, dos a dos y, en el segundo tiempo, se le cumplió aquel sueño. Tal cual lo soñado. O mejor.
Sus compañeros buscaban el gol y los portugueses se defendían a muerte. La escaramuza era sobre la izquierda, dentro del área. Él se había adelantado, sobre el medio, a unos 10 metros del área.
Pim, pum, y un rebote mandó la pelota hacia donde estaba él, un poco más a la derecha. Picando delante suyo, sin efecto. Él fue hacia ella. El balón picó una vez, otra, y ahí estaba él. En línea, frente al arco, solo había dos portugueses y, más atrás, el arquero.
Los pasos le dieron justito. Pisó con su izquierda, y su derecha se abrió para bajar su latigazo y pegarle de lleno con el empeine y hacia abajo. Técnicamente impecable.
Nada que hacer para los defensores. Inatajable para el arquero. La bola, fugaz, se incrustó en la ratonera derecha del arquero, dio contra el palo, hizo carambola contra el otro palo, y se clavó en la red.
Pero que golazo. Nunca se había atrevido a soñarlo tan perfecto, cómo no festejarlo. Cómo no golpearse el pecho, el corazón. España arriba por un gol, por un golazo, y de él. Un gol tan soñado como inolvidable.
Finalmente, el sátiro portugués los volvió a vacunar y, el mejor partido en lo que va del mundial, terminó en un justo empate. Pero a Nacho nada le quita lo bailado. Esos instantes quedaron grabados en su memoria, en su corazón.
Pocas cosas pueden ser tan inolvidables como la materialización de esos sueños que ocuparon nuestra intimidad consiente antes de dormirnos. Nada como eso.
Norman Robson para Gualeguay21