Se completó la primera fecha, todos mostraron lo suyo, y, para desgracia de apostadores y beneficio de las bancas, nada se dio como se esperaba. Se cayeron todos los pronósticos. Es que ya no quedan cucos.

México le ganó al campeón del mundo. El subcampeón empató con Islandia. El fútbol "mais grande do mundo" igualó con Suiza. Los cafeteros perdieron con los japoneses. Marruecos derrotó a Polonia. Inglaterra y Uruguay apenas cumplieron, agónicos, con las expectativas.

Tan fue así esta primera ronda que solo se eximieron el dueño de casa, que metió cinco, Francia, y España y Portugal con su empate.

Acá el problema son las historias individuales de cada selección, las cuales no nos permiten concebir que Islandia le meta un gol a la Argentina, o México a Alemania, o Suiza a Brasil, o Japón a Colombia, o Túnez a Inglaterra. Ese es el problema. Es que ya no quedan cucos.

Y eso es lo que dio por tierra con todos los pronósticos y, por consiguiente, con todas las pollas de apuestas. No solo en los resultados ya conocidos, sino, incluso, en las llaves previstas, ya que todo indicaría que el primero no será primero y el segundo andá a saber si clasifica.

Si. Ya sé. Algún mejicano puede haber sido tan iluso, algún isladés, algún ponja, incluso algún tunecino y algún colombiano, pero si aparece alguna boleta, en cualquier lugar del mundo, con todos esos aciertos, no tengan dudas, llamen a la NASA, se trata de un marciano. O un viajero del tiempo que se vino con un diario de julio próximo.

Definitivamente, ya no quedan cucos, y las camisetas no alcanzan para clasificar. Quienes quieran cumplir con su historia, no solo van a tener que jugar bien, sino que también van a tener que embocarla sin que los otros se la emboquen. No les queda otra.

Por nuestra parte, para los que la miramos de afuera, ya es una cuestión de fe. Seamos sajones, eslovenos o sudacas, vamos a tener que rezar fuerte para que los don nadie que llegaron a Rusia a pasear no nos mojen la oreja y nos manden a mirar las finales desde la tribuna. En este siglo, nadie es nadie, y el fútbol es el fútbol. 

Norman Robson para Gualeguay21