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Más allá de las evaluaciones técnicas económicas y sociales que nos expliquen, conocer la realidad en primera persona es lo que realmente nos conmueve y puede llegar a estremecernos. Este es el caso de siete testimonios de comerciantes locales sobre su situación particular en tiempos de pandemia.

Con este objeto, Gualeguay21 tomó contacto con siete comerciantes que están sufriendo el impacto de la crisis sanitaria para exponer ante los lectores cual es su real situación. Ellos son solo un ejemplo de muchos.

Reinventarte no alcanza 

Guillermo tiene un negocio de librería y centro de copiado sobre la calle principal, montado sobre una costosa estructura de 9 empleados, alquiler, electricidad, etcétera. Si bien se encuentra dentro de los negocios obligados a cerrar, al existir una demanda del servicio, porque la educación continúa en modo virtual, se vieron obligados a reinventarse.

De ese modo, Guillermo y su gente replantearon sus estrategias de trabajo, tanto para satisfacer las necesidades de sus clientes, como para intentar sacar adelante el negocio, ya que no hay espalda que aguante una crisis de estas características, y, menos aún, sin ayuda del Estado.

Este replanteo resultó en brindar su servicio a través de un delivery tomando todas las medidas de precaución  necesarias. Pero, aún así, la facturación que logran no alcanza a cubrir, ni siquiera, los sueldos, menos el resto del costo de la estructura, poniendo en serio riesgo la subsistencia de una decena de familias.

Sola contra el receso

El negocio de Ana es un pequeño local de venta de ropa infantil que atiende ella misma, y está cerrado desde que declararon obligatoria la cuarentena. Ese era su único ingreso. Por esa razón, lo recaudado antes del cierre ya los gastó en la primer semana de encierro. Para peor, por su categoría tributaria, ni siquiera recibirá ayuda del estado, así que su situación es extrema.

Como su negocio es en efectivo, día a día y con algunas financiaciones a clientes conocidos, su quebranto está a la vista, agravado, a la vez, por contar con un stock de una temporada que ya pasó y ya no puede venderse, sino que debe invertir en nueva mercadería.

De este modo, Ana se debate entre la desesperación y la incertidumbre, ya que no cuenta con ahorros para afrontar su subsistencia actual, y, mucho menos, para comprar ropa cuando esto termine.

Cuando todas las canastas cierran

Pedro es un empresario pyme diversificado en varios rubros: tienda, fútbol 5, casa de deportes y agencia de viajes. Creyó en eso de los huevos en diferentes canastas, pero, de estas cuatro unidades de negocio, y hoy todas están cerradas, con todo lo que eso significa, no solo para él, sino para todas las familias que de estos dependen.

A Pedro lo comprometen sus empleados, los alquileres y, por supuesto los servicios de los distintos negocios, a lo que se suman los cheques, emitidos en el marco de una rueda que, sin mediar aviso alguno, se detuvo. Ya resolvió cerrar uno de los negocios.

En este escenario, trata de arbitrar las reservas priorizando la subsistencia de las 5 familias involucradas en sus negocios, a la vez que hace malabarismos con los cheques. Mientras tanto, espera medidas más equilibradas que le permitan reconstruirse.

Las vivió todas, pero...

Héctor lleva 44 años en el rubro mueblería, y tiene un local con dos empleados. Este receso lo obligó a cerrar y a mandar a su casa a sus dos empleados, pero los gastos y los compromisos había que pagarlos.

Frente a esta situación, semanas después de la medida, se vio obligado a atender la situación. Como es solo, tomó todos los recaudos sanitarios necesarios, y, a puertas cerradas, procura acomodar los vencimientos, ver si puede cobrar las cuotas que le adeudan, y cumplir con todos.

Si bien es poco lo que Héctor recauda, y no mucho lo que puede hacer con los valores, que lo comprometen hasta junio, encerrado en el local se mantiene en contacto con sus proveedores y con sus clientes, todos en igual situación. Entre todos coinciden en esperar una flexibilización que les permita ir recuperándose de a poco.

En 44 años de oficio en la Argentina, Héctor creyó haberlo vivido todo, pero no fue así.

Peor que en invierno

Estrategicamente ubicadas, son cinco las heladerías que maneja Martín. De éstas, en cuatro paga alquiler, y, en total, tiene nueve empleados. La temporada es hasta fines de abril, pero debió cerrar el 20 de marzo, perdiendo, así, 40 días de la mejor época.

Luego de unos días, reaccionó a las nuevas condiciones y hoy despacha por delivery desde uno de los locales, pero lejos del esquema invernal en el que deja abiertas tres heladerías. Pero, de ese modo, alivia en algo su situación.

Para Martín, la prioridad son los sueldos, para lo cual debe ser muy cauto en la administración de las reservas, ya que la "espalda", en este contexto de receso, no puede aguantar mucho, a la vez que debe negociar los demás costos, incluso los impuestos.

Desde su posición, Martín solo confía en que se disponga una flexibilización, no solo para su rubro, sino para todos, ya que de esta no sirve salvarse solo, sino entre todos, y espera que los gobiernos nacional, provincial y municipal entiendan que deben ayudar.

Sin sueldos ni alquiler, complicado igual

El rubro autopartes ya viene complicado desde antes, en especial al final de la cadena, asegura Mariano, quien tiene un local que atiende junto con su padre, pero esta situación los compromete especialmente.

Si bien él no debe pagar alquiler, ni empleados, hoy su problema son los cheques que debe cubrir y, aunque su negocio no califique como esencial, las necesidades de sus clientes que si lo son.

Por eso trabaja por teléfono. Trata de atender los cheques que entran, cobrar alguna cuenta, y atender los pedidos de sus clientes en actividad, especialmente agropecuarios. Pero no hay forma de cumplir, ya que los proveedores están cerrados o, sino, no hay transportes que traigan el repuesto.

De este modo, se vencen los compromisos y la situación se vuelve angustiante, a la vez que, como ningún comercio de repuestos monotributista está inscripto con una categoría menor a la C, están afuera de cualquier ayuda.

Su negocio tiene 28 años en el rubro y ningún cheque rebotado, un récord muy difícil de sostener.

Una espera no tan dulce

Andrés tiene un local de venta de ropa infantil en un lugar bueno, con los costos que eso implica, e, igual que muchos, cerró sus puertas. Justo en una época especial de su vida, va a ser papá dentro de poco, se ve obligado a ver como sobrelleva esta situación.

Ya se sentó con el dueño del local y resolvió el tema del alquiler, e hizo lo mismo con los proveedores. Ahora se debate entre los cheques que debe cubrir, los impuestos y los servicios. Está sobregirado hasta abril.

Según sus números, entre ajuares y escarpines, puede aguantar un mes más.

Gualeguay21