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Gualeguay dijo presente en la tradicional exposición de Palermo y se trajo sendos premios, pero, más allá de las cucardas, cada exponente sintetiza una importante inversión de recursos humanos y económicos. Sin lugar a dudas, la imagen de un gran campeón, sea de la especie que sea, es elocuente, pero detrás de esa foto hay una larga cadena de valor dedicada a enriquecer la genética y, así, aumentar su productividad. En la pista solo se exhibe, y se premia, el resultado de ese trabajo. Cada foto tiene atrás una historia de arte y oficio, de dedicación y esfuerzo.

En la pasada Exposición Rural de Palermo, tradicional evento que convoca al universo agropecuario nacional y en el que expone lo mejor de lo suyo, tuvieron lugar las competencias de calidad genética en la que se premian los mejores exponentes. En estas instancias, participaron, entre la veintena de cabañas entrerrianas, los establecimientos La Libertad y La Sarita, con ejemplares bovinos Angus, equinos Percherón, y ovinos Romney Marsh. 

En detalle, la cabaña La Sarita se alzó con los premios Gran Campeón Macho y Reservado Gran Campeón Hembra de la raza Percherón, y Reservado de Campeón Macho y la Campeón y la Reservada de Campeón Hembra de la raza Percherón Postier, además de numerosos premios especiales, resultando la cabaña más premiada de esta raza en Palermo 2022.

Del mismo modo, la cabaña La Libertad, en su segunda presentación en Palermo con la raza Romney Marsh, se alzó con los premios Gran Campeón Hembra, Reservada de Campeón Hembra, y Campeón Borrego. Además, la borrega fue reconocida como el mejor ejemplar de la raza, obteniendo también el premio a la “mejor cabeza” y al “mejor vellón”, mientras que el borrego fue premiado como Reservado de Gran Campeón Macho.

Cabe ser destacado que ninguno de los ejemplares premiados salieron a venta, sino que quedaron reservados como reproductores para enriquecer la genética de sus respectivas cabañas.

Ahora bien, para comprender esto en toda su dimensión hay que repasar todo lo invertido a lo largo de la cadena de desarrollo genético para llegar a esa foto de hoy. Todo se inicia en el rodeo, ese universo de animales de una raza específica, sea de la especie que sean, donde se manejan los servicios según una estricta estrategia de enriquecimiento de la calidad del mismo. De ese modo, al cabo de las sucesivas camadas o generaciones, siempre seleccionando lo mejor de cada una, se logran los productos que sintetizan la calidad del rodeo y que se presentan en la competencias.

Cabe destacar que cada premio no es un adorno para una vitrina, sino que pone en valor la genética de su rodeo, y sus productos para inseminación o trasplante embrionario. Por ejemplo, estos productos genéticos son los que determinan la mayor o menor productividad de un rodeo comercial. En esta cadena de desarrollo genético, desde aquel momento en que el empresario inicia con el rodeo, hasta que el expositor pasea al exponente por la pista, pasa mucho tiempo e intervienen muchas personas, cada una con una determinada responsabilidad. 

Desde los peones y los capataces que diariamente atienden el rodeo, hasta los cuidadores, herreros, y presentadores que exhiben el producto terminado, pasando por los profesionales que asesoran en estrategia, en salud y en nutrición, y los administradores y proveedores,  son, junto al empresario, los autores materiales de cualquier resultado. El sacrificio, el esfuerzo y la dedicación de los hombres y mujeres que intervienen en esta extensa cadena de valor son lo que determinan el producto terminado.

Por todo esto, a la hora de apreciar la foto de un Gran Campeón, más allá de su ostentosa presencia, se debe ver que es el producto de una cadena de valor en la que muchos invirtieron su esfuerzo y dedicación.

Norman Robson para Gualeguay21