Imprimir

El Gobierno provincial autorizó otro pozo termal y estalló la ola de críticas, mientras que Gualeguay espera la suya, prometida por Bordet en el verano. Más allá del calor del debate, todos olvidan algo.

La crítica desatada se funda en un supuesto sobredimensionamiento de la oferta, la cual genera la situación comprometida de algunos emprendimientos, y en lo desordenado de la última aprobación, ya que concentra cuatro ofertas en una sola microrregión, la más alejada de los principales centros de demanda.
Al mismo tiempo, Gualeguay, al sur de la provincia, luego de más de una década de espera, aguarda ansiosa la aprobación de su pozo, prometida por el propio Bordet en febrero último.
Qué recordar
Como primera medida, debemos recordar que la responsabilidad del Gobierno no debe evaluarse al autorizar o no un nuevo pozo termal, sino al promover un importante emprendimiento turístico, generando expectativas y animando inversiones, sin el marco político adecuado.
Es decir, sin darle al proyecto, por un lado, el soporte de un plan estratégico que lo contenga, y, por el otro, una orientación realista sobre cuales son los horizontes a los cuales puede aspirar en el concierto provincial.
De este modo, la autorización a perforar, como el puntapié inicial de un megaproyecto turístico, con la inversión que esto implica, significa más un problema para el propio emprendedor que una amenaza para el mercado.
También debemos recordar que, si bien es cierto que hay emprendimientos termales muy comprometidos económicamente, también es cierto que otros se desenvuelven normalmente con buenos resultados, lo cual indica que no hay una saturación de la oferta.
Por lo tanto, la realidad económica de cada emprendimiento puede obedecer al perfil de la oferta, al marco en el cual se inserta, o a la falta de acompañamiento infraestructural, entre otras razones, pero no a una oferta sobredimensionada.
Es decir, debemos recordar que los pozos termales no son mágicos,  sino que son solo la materia prima con la cual se construye un negocio, y el perfil de éste, con su marco, son los que determinarán su realidad económica.
Recordemos, de paso, que el Gobierno no debe prohibir, sí debe regular, y eso debe hacerlo en base a una solicitud de perforación acompañada, o sostenida, por un proyecto de negocio, el cual debe ser compatible con un plan estratégico provincial.
Pero, al no estar el turismo en la agenda gubernamental, toda decisión o medida queda huérfana de cualquier política de Estado. O sea, el Gobierno debe decidir primero, junto al resto de los actores, a dónde quiere ir, cómo, con qué, y en qué términos.
Por último, Gualeguay, "desde antaño, o antaño y pico", viene soñando con su proyecto termal, para el cual tendría todo afinado, y el propio Gobernador ya le dio el Ok. Se lo firmaría en cualquier momento.
Ahora bien, de consumarse la aprobación, Gualeguay debe recordar todo lo expuesto más arriba, ya que para que las termas sirvan a su desarrollo turístico, y no sean un nuevo fracaso, se deben apuntalar con los soportes ya enunciados.
Conclusiones
En primer término, nuestra realidad turística en general, y termal en particular, adolecen de la falta de planificación, lo cual provoca un desorden que se traduce en lamentables pérdidas económicas.
En segundo término, frente a este desorden, algunos emprendimientos logran superar la contingencia y otros no, lo cual demuestra que la oferta no está saturada sino que la demanda aún no ha sido satisfecha en toda su dimensión.
En tercer término, para que todo ocurra de forma correcta, la provincia debe saber hacia dónde va para que los particulares decidan cómo ir, y es acá donde hoy radica el problema.
En cuarto término, el termalismo entrerriano no está saturado, sino que debe replantear su perfil de oferta de acuerdo a las nuevas características de la demanda, la cual sigue siendo creciente y tiene a Entre Ríos entre sus destinos preferidos.
Por último, Gualeguay debe ponerse a la altura de estas circunstancias para decidir qué y cómo hacer si Bordet finalmente se digna a autorizarle el pozo.
O sea, el sol sigue saliendo para todos, solo hay que saber esperar a que se dispersen las nubes y, especialmente, los nubarrones, o saber adaptarse al cielo nublado capeando las tormentas que este proponga.
Norman Robson para Gualeguay21