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Distintos vecinos de nuestra ciudad hicieron llegar a nuestra redacción su escozor ante la presencia de un cartelito solicitando que pasen por administración en el nicho del Soldado Javier Humberto Gómez, quien fue víctima inocente de la insurrección militar carapintada que tuvo lugar en 1990.

La reacción de la sociedad se funda en que el Soldado Gómez, quien mereció ser honrado con calle y escuela de nuestra ciudad, y sabiéndose la situación modesta de la familia, no reciba la debida consideración de parte de las autoridades del Cementerio y de la Municipalidad en cuanto a dicho servicio.
En el mismo sentido, si bien el cartelito no advierte sobre una deuda, todos saben que el mismo se debe a un atraso en la misma, la cual, de no ser cancelada, obligará a las autoridades a desocupar el nicho y destinar los restos ubicados allí a una fosa común.
Quién era el Soldado Gómez
El 3 de diciembre de 1990, en Gualeguaychú, el soldado conscripto Gómez fue asesinado a quemarropa por tanquistas profesionales que integraban una columna rebelde al mando del entonces Mayor Pedro Mercado, en el marco de la rebelión carapintada liderada por el ex coronel Mohamed Alí Seineldín en contra de la cúpula militar y del Gobierno de Carlos Menem.
El soldado era hijo de María Rosa Pianove y de Juan de la Cruz Gómez, había nacido en Gualeguay el 9 de julio de 1971, se había criado, junto a su hermana Mary, en el barrio Rocamora, hizo la primaria en la Escuela 68, y terminó sus estudios en la Escuela Técnica 1.
Ya recibido de técnico, y con solo 19 años, cumpliendo su servicio militar en el Destacamento de Exploración de Caballería Blindada 121, en Gualeguaychú, fue ultimado por un tanquista rebelde.
Luego de su trágica e incomprensible muerte, su padre, empleado de la fábrica de gaseosas PEBE, por culpa de la depresión, murió por problemas cardíacos en 1998.
Gualeguay21