Al igual que en 2015, antes de asumir, Análisis le preguntó al Gobernador Gustavo Bordet qué pasará con aquellos funcionarios que tienen causas judiciales y ocupan lugares de importancia, y éste no tuvo mejor tino que poner de ejemplo a Erro, desnudando así la esencia moral de su gestión.

Esta expresión popular es un tanto pesimista, y de alguna manera refleja el individualismo y egoísmo en el cual estamos sumergidos. También lo dice de otra manera un poeta: “aunque te quiebre la vida/ aunque te muerda un dolor/ no esperes nunca una mano/ ni una ayuda ni un favor”.

         

No le podemos “pedir peras al olmo”. Eso es una gran verdad popular. Jesús también lo expresaba diciendo que “No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos”. (Lc. 6, 43)

Hoy estamos realizando en la Argentina las elecciones nacionales, y en algunas provincias también se votan autoridades locales.

Entre Ríos es una provincia de la República Argentina, en la cual, como tal, el imperio de la ley y el orden garantizan nuestro estado de derecho, pero la práctica nos demuestra que esto no está funcionando. En la provincia, el sistema existe, y bien caro nos cuesta, pero, entre los engranajes, hay uno, la Justicia, que no acompaña, y eso, cada día, mete más miedo.

En varias culturas y desde tiempos antiguos se ha visto a la Tierra con características maternales. Tanto en el origen de la vida (vayamos al relato del Génesis 2,7: Dios modeló al primer hombre de barro y le dio vida) como en el abrazo final al momento de la muerte (recuerda que eres polvo, y al polvo volverás, Gn 3,19). Relatos espirituales, poemas, cantos, cuadros, esculturas…

Varias veces pudieron habernos dicho “tengo dos noticias para darte: una buena y otra mala, ¿cuál querés que te cuente primero?”. Y se nos hace difícil poder elegir. Hoy quiero compartir con vos sólo noticias buenas. Y muy buenas. Jesús te ama; tanto que da la vida por vos. Tanto que te hace de su familia por el Bautismo. Tanto que quiere que vivas para siempre. Tanto…

Sin ánimo de competir ni emular a los científicos y profesionales que abordan estos temas, se me ocurrió reflexionar sobre nuestra actitud, y cómo esta define nuestro futuro a partir de las decisiones que tomamos a cada instante. Descubrí así el impacto negativo que resulta de la poca atención a la hora de decidir.

Hoy, todos, como cada vez que hay datos sobre la pobreza, nos rasgamos las vestiduras horrorizados, pero, lo cierto, es que llevamos una vida de pobres. Más allá de los porcentajes publicitados, la sensación es que somos tan pobres como siempre, como lo éramos con Perón, con la Dictadura, con Alfonsín, con Menem y con los Kirchner.

Realmente no se si fue justo, ecuánime, equitativo, imparcial o razonable. Seguro que alguna manchita le van a encontrar. Solo puedo afirmar que fue lo más justo que he visto en mucho tiempo. Lo sé porque conocía a muchos. Los conocía de esta vida, de recorrer, de estar.

En estos tiempos en que tanto tilingaje habla de inclusión, derechos humanos e igualdad de oportunidades, su indiferencia hacia los datos ciertos de la realidad argentina resulta, por lo menos, hipócrita. Los índices de pobreza y demografía, más el grave impacto de éstos en la infancia, la deficiente educación, y un modelo socioeconómico obsoleto, auguran, de no mediar algún cambio, un apocalíptico porvenir.

“Usted no me conoce, doctor. Pero soy de las tantas jovencitas que allá por 1914 se salvó de las garras del hampa. Me trajeron adolescente de Varsovia, engañada, creyendo que me ponía a servir en casa de familia honesta, que me daría educación. Y caí… no se imagina, doctor, lo que pasé, me golpearon, me encerraron, me hicieron prostituta…estaba vencida, entregada, no conocía a nadie a quien acudir, (…) pero se levantó su voz y los explotadores se acobardaron, tenían miedo de usted, de esa ley que había conseguido, la Ley Palacios como después la llamaría el pueblo (…) Usted doctor, salvó a una joven inocente….Cuántas como yo se han salvado. A usted le debo todo, gracias, muchas gracias”.

Hay momentos en los cuales nos enfrentamos a decisiones que son como una ruta que se abre en dos caminos posibles. Unos pueden ser sencillos y sin consecuencias graves: ¿Hará frío o calor? ¿Compro una remera azul o roja? Otros tienen efectos más permanentes: ¿Estudio abogacía o economía? ¿Pintamos la casa o nos vamos de viaje?

En los últimos tiempos, la gente ha establecido una marcada preferencia por lo inmediato, lo fácil y lo cómodo, y, en ese afán, ha ido moldeando un nuevo modelo de sociedad, donde el consumo ocupa un papel central. El problema surge cuando los consumidores, en su apuro y comodidad, consumen, con la misma liviandad, panchos y conceptos. Algo que Platón ya advirtió 23 siglos atrás.

En el ajetreo diario, todos repetimos cosas sin medir su posible impacto, pero un medio de información, que goza de la confianza de su comunidad de seguidores, debe tomar una serie de recaudos antes de proceder a hacer público un hecho o situación.

Así se titula el mensaje que los obispos de Bolivia dieron a conocer esta semana. Allí expresan su dolor e impotencia, sentimientos compartidos por mucha gente en todo el mundo: “Nuestra Casa Común está herida de muerte pues cerca de un millón de hectáreas de nuestro bosque amazónico se consume bajo las llamas del fuego.

La manifestación en favor del cambio, realizada en todo el país el pasado sábado, a pesar de no ser masiva, disparó respuestas de diferente tenor desde el lado opositor, no solo por el volumen convocado, sino, también, por la calidad de la presencia. Esto me llevó a revisar esa asistencia.

El bicho humano, por su naturaleza, se diferencia de los demás bichos por su capacidad intelectual y emocional, a la vez que se distingue entre sus semejantes por lo que sabe y por el esfuerzo que pone en aprovechar ese saber para su desarrollo individual, aspectos que le permiten adoptar un rol funcional a su comunidad. Pero, los nuevos tiempos, le impusieron un gran desafío.

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