Días después de que el Senador Francisco Morchio, en respuesta a un pedido masivo de la sociedad gualeya, presentara un proyecto de ley que propone llamar Federico Bogdan al acceso a Puerto Ruíz, la Diputada Paola Rubattino presentó en su Cámara otro proyecto, con el mismo objeto, pero nombrando ese tramo Juanele Ortíz. En medio de una crisis sanitaria y económica sin precedentes en el mundo, esta disputa hace que la vieja política de oposición caprichosa vuelva a desnudar sus miserias.

El pasado domingo, por la mañana, en una esquina céntrica de nuestra ciudad, tuvo lugar un accidente donde resultó herido un funcionario policial. La información oficial brindada por la Policía local responsabilizó por el hecho a un joven que habría conducido alcoholizado, pero la investigación llevada adelante desde la Justicia demostraría circunstancias muy diferentes. De ese modo, la mentira demostró tener patas cortas.

Y si, tachame la 10!!.. que por estos lares, esa camiseta de fútbol... ya no debería ser de nadie más. La del Diego, fue la crónica de una muerte anunciada. Los huesos cansados de Diego murieron hoy... pero el Maradona artista genial había muerto hace  mucho mucho tiempo.

Hoy es el día de la enfermería y no puedo evitar el recuerdo de esos muchos enfermeras y enfermeros que alguna vez me recibieron y me contuvieron en momentos de zozobra. Pero para una merecida nota en homenaje por su día recurro a la historia de esa profesión, y una realidad de injusticias, de ingratitudes y de hipocresías me cachetea. El contraste entre un pasado ejemplar y nuestro presente de miserias me llena de vergüenza. Solo puedo honrarlos con un esperanzador correlato.

Tengo casi 60 años de edad, unos 40 de consciencia política, y, de éstos, 37 de democracia. Sobreviví a Alfonsin, a Menem, a De la Rua, a Duhalde, a los Kirchner, a Macri y sobrevivo a Fernández. Esta experiencia sobre los sucesivos fracasos políticos de la Argentina me llevó a sospechar que todos fueron o son iguales. A partir de la pandemia, pude confirmarlo.

Lamentablemente, el dolor y la tristeza por la muerte de Federico Bogdan no detienen el mundo, sino que la vida continúa y, en Gualeguay, siguen creciendo los casos por covid y se sigue agravando la situación económica general. En este contexto, la ex vice, Verónica Berisso, enfrenta el recambio político institucional. Dos frentes externos, la pandemia y la crisis económica, y un frente interno, todos queriendo reacomodarse según el nuevo gobierno.

Los deberes y los derechos, enunciados en leyes, son los que nos facilitan una pacífica convivencia, mientras que, cada vez que se incumple o vulnera alguno, nace una injusticia, que, si no es corregida, genera violencia. De allí la importancia de eso de que "nuestros derechos terminan donde empiezan los derechos de los otros". Si bien la cuarentena nos ha coartado nuestros derechos a la libertad y a la seguridad, aún impera el estado de derecho, el cual deberá, tarde o temprano, ser restaurado por el Estado.

Gualeguay hoy despide a un ser querido. Un ser querido en toda la dimensión de lo que eso significa, pues más allá de cualquier controversia que haya surgido a partir de su llegada a la política, nadie puede negar su devoción casi obsesiva por el otro. Un corazón cien por ciento gualeyo que dejó su profunda huella a lo largo y a lo ancho de su querida ciudad. Hoy se va Federico Bogdan, pero su espíritu sobrevive en el corazón de su gente.

Un día como hoy, hace 3 años atrás, era viernes. Al anochecer, Don Omar Benvenuto dejó la casa de su madre hacia un misterioso encuentro. Su camioneta se encontró prolijamente estacionada sobre la ruta, a minutos de su casa. Nunca se supo más nada de él, y nunca se conocieron resultados de investigación alguna. La Justicia entrerriana, y la Federal, parecen haber sepultado el expediente a la espera del olvido.

Son de los últimos pelotones económicos en recuperar sus actividades, y, cuando lo logran, son de los primeros en perderlas ante la inoperancia que impera en las autoridades. Se trata de todo un sector que ya no puede comer, pero eso no ha logrado provocar que el gobierno se moleste en hacerse cargo de la situación e imponga el marco sanitario necesario para salir adelante. En Gualeguay, ellos son el último orejón del tarro.

Tengo un cachorro que se llama Murdock, el cual se encuentra en período de adiestramiento. Como todo cachorro, agarra cosas que no debe, y yo, como adiestrador, y con rigor, lo alecciono a que no lo haga. Como parece que no entiende, cada vez las lecciones son más rigurosas, al punto que hay veces que temo por él. Creo que, hoy, la pandemia es solo otra lección de la natualeza al mundo, algo más rigurosa ante tanta necia estupidez.

Estos días, a partir de descubrir que su sistema de salud estaba al borde del colapso, y que su gobierno evaluaba como única solución volver a fase 1, Gualeguay se rompió en dos partes. Dos posiciones bien definidas y enfrentadas, que erocionan las relaciones dificultando las decisiones. Ni instaurar la fase 1 ni no instalarla resuelven la situación.

Las decisiones que se toman hoy respecto se reducir los contagios recién impactarán en la demanda de salud dentro de una semana, cuando, según el ritmo actual, la oferta ya estará colapsada. A pesar de esto, las autoridades no parecen hacerse cargo de la situación, sino que parece que ceden a las presiones de distintos grupos locales y demuestran miedos y dudas sobre los pasos a seguir. Así, difícilmente podrá Gualeguay llegar a la Navidad en paz.

Muchos compañeros, correligionarios, cumpas, camaradas y compatriotas en general, del palo que sean, se llenan la boca hablando de la oligarquía y de la distribución de riquezas, pero, en realidad, solo repiten las falsas consignas impuestas por la nefasta clase política argentina. Una simple mirada a los presupuestos, al producto bruto, y a la pobreza permiten una visión cercana a la verdad.

Siempre dije que el buen Hamlet se equivocó. No era ser o no ser la cuestión, el desafío era saber, pues el saber, o el tener, definen el ser. En la modernidad, en especial a partir del consumismo, la gente dejó de valorar el saber, el conocimiento, y privilegió por sobre esto el tener, la propiedad. Conforme pasó el tiempo, el saber se fue despreciando, al punto de que la gente pasó a valer más por lo que tiene y no por lo que sabe. ¿Cuál es el costo de dejar de saber?

La semana próxima se cumplirán 7 meses de aquellos primeros casos positivos por covid en Gualeguay. De aquellos casos importados, a hoy, pasaron 206 días, casi 30 semanas, casi 7 meses. Nunca en todo este tiempo las autoridades locales se preocuparon, ni se ocuparon, en evitar el ingreso del virus o su propagación, sino que libraron la ciudad a su suerte, y cargaron las responsabilidades en la propia gente. El resultado: más de 100 contagiados, 2 muertos, y el regreso al confinamiento y a la inactividad económica.

En 1927, un siglo atrás, el filósofo español José Ortega y Gasset acunó el término "efebocracia", refiriéndose a la incipiente "tiranía de los más jóvenes", anunciando el ocaso de aquello que sostuviera Miguel de Cervantes, cuatro siglos antes, sobre que "la valía de cada cual solo se mide por lo que ya ha llevado a cabo". Uno como otro se referían al respeto por los méritos de los mayores como artífices del presente, y a los derechos "universales" de las nuevas generaciones.

En mi casa familiar todos colaborábamos en las tareas hogareñas. Cada quien según sus posibilidades y habilidades. De manera especial cuando teníamos invitados, o los domingos, momentos en los cuales había más trabajo en la cocina. Yo solía preguntar a mi mamá: “¿Te puedo ayudar?”. Y ella siempre me respondía: “sí, hijo, poné la mesa…”, o encomendaba preparar las ensaladas, o pisar las papas para el puré; siempre había algo para hacer.

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