Hoy sigo creyendo que Alberto Fernández es un político perverso e hipócrita que se asoció a los corruptos para acceder a la Presidencia de la Nación. Ahora bien, debo reconocer que, como Presidente, capitaneando un país quebrado a través de una crisis sanitaria sin precedentes, nos ha sorprendido gratamente a todos. Quién lo hubiera dicho.

Hoy existe una gran variedad de entretenimientos para pasar esta crisis sanitaria que obliga a los muchos afortunados a confinarse en sus hogares. Desde los viejos juegos de mesa hasta las nuevas apps de los celulares. Hay para elegir. Por favor elijan cualquier entretenimiento, menos jugar al periodismo.

Un día como hoy, pero de 1977, salió de su casa, pasó al lado de varios buzones, y, en cada uno, depositó una copia de una carta que sería historia. A los pocos pasos, un grupo de tareas lo acribilló, lo cargó y nunca más se lo vio. Justo era el Día de los Trabajadores de Prensa.

Nada más adecuado para definir y sintetizar el desafío que enfrentará el mundo post-corona que el concepto de resiliencia, esa capacidad del ser humano de superar circunstancias traumáticas y de capitalizarlas positivamente.

Necedad, egoísmo, negligencia, capricho, impiedad, vanidad, irresponsabilidad, oportunismo, incompetencia, estupidez, soberbia, impericia, hipocresía e imprudencia. Solo por mencionar algunas de las miserias que desnudó la pandemia. Miserias nuestras, bien nuestras. Miserias que me hacen temerle menos al virus y más a nosotros mismos.

Solo, confinado por ley a la intimidad de mi hogar, en el marco de un operativo estatal de  aislamiento masivo para evitar que nos contagiemos de un moderno y agresivo virus, me pongo a revisar la situación que atravesamos.

Parece mentira que ya dentro del siglo XXI, en plena era del conocimiento, la información sea un cuco a temer y no un recurso a administrar de forma digna y conveniente. Así resulta de observar el comportamiento de instituciones públicas y privadas a la hora de tener que comunicar, y el rol de las redes sociales cuando éstas no informan en tiempo y forma.

Siempre nos dijeron que el poder corrompe, pero siempre preferí creer que el poder corrompía solo a quienes se dejaban corromper. A la luz de la decepción provocada por los últimos gobiernos, los argentinos empezamos a descubrir que, lamentablemente, la corrupción es una cuestión cultural, tan naturalizada, que ya la consideramos inevitablemente nuestra.

Este cartelito despertó una catarata de expresiones que, a la luz de nuestra real esencia, solo producen asco. Entre la aporofobia genérica de muchos, y la hipocresía demagógica de otros tantos, en ambas veredas de la calle, solo queda lugar para las nauseas.

Uno de los signos de vitalidad es no estancarse. Cuando tenemos propósitos que cumplir, metas por alcanzar, encontramos sentido para el esfuerzo. Más allá de si esas metas son laborales, académicas, de salud, salir de la quietud es sano. Y si se trata de realizar sueños el empuje es mayor.

En estos días de tarjetas alimentarias, mujeres con hijos chicos, y sin trabajo formal, fueron foco de todo tipo de desprecios solo por necesitar ayuda y recibirla. Muchos pierden de vista que son las gallinas del último palo de un gallinero que compartimos y que nunca nos molestamos en corregir, sino que solo buscamos ubicarnos en un palo mejor.

O de piedad. Lo cierto es que, a lo largo de la historia argentina, la pobreza ha sido un capital político especialmente cultivado,  celosamente custodiado e íntegramente aprovechado por todos y cada uno de los políticos que ostentaron poder en este país. Esta es solo otra prueba de la pobreza de escrúpulos y piedad de la clase política.

La vida es así. Un día de un lado, al otro, del otro. Un día llorás, y, al otro, te lloran. Así es la vida. Siempre fui observador de nuestro carnaval, pero las últimas noches me tocó ser un espectador más que llega al corsódromo en busca de diversión. El ojo crítico se tomó franco y solo quedó el alma entregada a la fiesta. ¡Y que fiesta!

En mayo de 2019, Bogdan firmó con Frigerio un acta acuerdo para la construcción de la Planta Potabilizadora en Gualeguay; a principios de este mes, Rubattino reforzó ese pedido ante el jefe de Gabinete de Alberto Fernández; y, la semana pasada, Bogdan volvió con el tema en el ENHOSA. A pesar de esto, por la millonaria inversión que significa, y las distancias políticas existentes, difícilmente pase de promesa.

El Papa acostumbra abrirnos su corazón y enseñarnos así a sumarnos en el camino de la alegría del Amor, del Evangelio. Cuando hablamos de sueños la mayoría de las veces nos referimos a anhelos casi imposibles de cumplir. Situaciones futuras tan deseables como “inalcanzables”.

Todo hace parecer que, en la actualidad, los crímenes se resuelven en facebook. Alguien publica los detalles del caso, unos publican en nombre de las víctimas y los testigos, otros abonan con conceptos sobre justicia, algún tercero aporta pruebas irrefutables, y, finalmente, cientos de jurados dictan condena. Pero esto nada tiene que ver con la justicia, donde somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario.

Desde hace un buen tiempo se ha instalado en la sociedad la idea de que todos los medios, y los periodistas, tienen una pertenencia política. Esto ha sido bien aprovechado para desacreditar la información circulante, ahuyentarles anunciantes, así debilitarlos, y sumir a la sociedad en la desinformación.

Es Gualeguay, sur de la provincia de Entre Ríos. Es noche de sábado, noche cálida de verano. El pueblo apura los trámites, a las diez comienza la fiesta. El Corso de Gualeguay es, en esta época, el punto de encuentro para propios y extraños. Un carnaval que fusiona fiesta y show, glamour y espuma.

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