Esta frase, de la época de las monarquías europeas, hoy se hace vigente recordándonos que el reino está por arriba de sus reyes. O sea, que las instituciones están por arriba de los hombres, quienes pasan, mientras las otras quedan. Una frase, y un concepto, que deberíamos adoptar hoy todos los argentinos.

El año que viene, será el primero de los Fernández al frente del país. Ese año va a ser el primero que ni Bordet lo tendrá a Macri, ni Gualeguay a Frigerio, y que Morchio ya no le servirá a nadie, mientras que a Entre Ríos le devolverán el favor de no haber hecho campaña para los FF, y permitir que gane Macri en esta provincia.

Allá por 1864, un grupito de empresarios locales, conscientes de la imperiosa necesidad de poder sacar su producción hacia Buenos Aires y ultramar, se impuso el desafío de unir Gualeguay y Puerto Ruíz con un ferrocarril. A la distancia, son un ejemplo de compromiso que hoy parece imposible de imitar.

A lo largo del tiempo, ha sido tal la ausencia del Estado que ya lo desconocemos como principal rector de nuestra convivencia. Tan es así que nos hemos convencido de que la ley y el orden dependen de nosotros, y no de las fuerzas de seguridad y la Justicia. Es en ese punto cuando el imperio del caos y el desorden desorientan a los jóvenes y los llevan a perder el rumbo.

Al igual que en 2015, antes de asumir, Análisis le preguntó al Gobernador Gustavo Bordet qué pasará con aquellos funcionarios que tienen causas judiciales y ocupan lugares de importancia, y éste no tuvo mejor tino que poner de ejemplo a Erro, desnudando así la esencia moral de su gestión.

Esta expresión popular es un tanto pesimista, y de alguna manera refleja el individualismo y egoísmo en el cual estamos sumergidos. También lo dice de otra manera un poeta: “aunque te quiebre la vida/ aunque te muerda un dolor/ no esperes nunca una mano/ ni una ayuda ni un favor”.

         

No le podemos “pedir peras al olmo”. Eso es una gran verdad popular. Jesús también lo expresaba diciendo que “No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos”. (Lc. 6, 43)

Hoy estamos realizando en la Argentina las elecciones nacionales, y en algunas provincias también se votan autoridades locales.

Entre Ríos es una provincia de la República Argentina, en la cual, como tal, el imperio de la ley y el orden garantizan nuestro estado de derecho, pero la práctica nos demuestra que esto no está funcionando. En la provincia, el sistema existe, y bien caro nos cuesta, pero, entre los engranajes, hay uno, la Justicia, que no acompaña, y eso, cada día, mete más miedo.

En varias culturas y desde tiempos antiguos se ha visto a la Tierra con características maternales. Tanto en el origen de la vida (vayamos al relato del Génesis 2,7: Dios modeló al primer hombre de barro y le dio vida) como en el abrazo final al momento de la muerte (recuerda que eres polvo, y al polvo volverás, Gn 3,19). Relatos espirituales, poemas, cantos, cuadros, esculturas…

Varias veces pudieron habernos dicho “tengo dos noticias para darte: una buena y otra mala, ¿cuál querés que te cuente primero?”. Y se nos hace difícil poder elegir. Hoy quiero compartir con vos sólo noticias buenas. Y muy buenas. Jesús te ama; tanto que da la vida por vos. Tanto que te hace de su familia por el Bautismo. Tanto que quiere que vivas para siempre. Tanto…

Sin ánimo de competir ni emular a los científicos y profesionales que abordan estos temas, se me ocurrió reflexionar sobre nuestra actitud, y cómo esta define nuestro futuro a partir de las decisiones que tomamos a cada instante. Descubrí así el impacto negativo que resulta de la poca atención a la hora de decidir.

Hoy, todos, como cada vez que hay datos sobre la pobreza, nos rasgamos las vestiduras horrorizados, pero, lo cierto, es que llevamos una vida de pobres. Más allá de los porcentajes publicitados, la sensación es que somos tan pobres como siempre, como lo éramos con Perón, con la Dictadura, con Alfonsín, con Menem y con los Kirchner.

Realmente no se si fue justo, ecuánime, equitativo, imparcial o razonable. Seguro que alguna manchita le van a encontrar. Solo puedo afirmar que fue lo más justo que he visto en mucho tiempo. Lo sé porque conocía a muchos. Los conocía de esta vida, de recorrer, de estar.

En estos tiempos en que tanto tilingaje habla de inclusión, derechos humanos e igualdad de oportunidades, su indiferencia hacia los datos ciertos de la realidad argentina resulta, por lo menos, hipócrita. Los índices de pobreza y demografía, más el grave impacto de éstos en la infancia, la deficiente educación, y un modelo socioeconómico obsoleto, auguran, de no mediar algún cambio, un apocalíptico porvenir.

“Usted no me conoce, doctor. Pero soy de las tantas jovencitas que allá por 1914 se salvó de las garras del hampa. Me trajeron adolescente de Varsovia, engañada, creyendo que me ponía a servir en casa de familia honesta, que me daría educación. Y caí… no se imagina, doctor, lo que pasé, me golpearon, me encerraron, me hicieron prostituta…estaba vencida, entregada, no conocía a nadie a quien acudir, (…) pero se levantó su voz y los explotadores se acobardaron, tenían miedo de usted, de esa ley que había conseguido, la Ley Palacios como después la llamaría el pueblo (…) Usted doctor, salvó a una joven inocente….Cuántas como yo se han salvado. A usted le debo todo, gracias, muchas gracias”.

Hay momentos en los cuales nos enfrentamos a decisiones que son como una ruta que se abre en dos caminos posibles. Unos pueden ser sencillos y sin consecuencias graves: ¿Hará frío o calor? ¿Compro una remera azul o roja? Otros tienen efectos más permanentes: ¿Estudio abogacía o economía? ¿Pintamos la casa o nos vamos de viaje?

En los últimos tiempos, la gente ha establecido una marcada preferencia por lo inmediato, lo fácil y lo cómodo, y, en ese afán, ha ido moldeando un nuevo modelo de sociedad, donde el consumo ocupa un papel central. El problema surge cuando los consumidores, en su apuro y comodidad, consumen, con la misma liviandad, panchos y conceptos. Algo que Platón ya advirtió 23 siglos atrás.

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