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Otro título podría ser "El silencio de los inocentes", entendiendo como tales a aquellos inimputables por ignorantes políticos. Lo cierto es que la ausencia de voces confabula con la impunidad de la corrupción y sus accesorios.

De muestra basta un botón. En esta ciudad que nos contiene, salvo algún atrevido que señale con el dedo a quienes estafaron al pueblo en el pasado, y lo sostenga frente al estrado judicial, el resto de las voces comulgan en el silencio, permitiendo la subsistencia pública de quienes osaron profanar sus arcas.

Por estos lares, los gobernantes, al igual que los dirigentes sociales, los comunicadores y los referentes políticos, hicieron, desde un principio, oído sordo a la historia inmediata y, lo que es peor, siguen callando ante la arremetida de los responsables de aquella historia, pretendiendo volver al poder para repetirla.

A un año de las próximas elecciones, el líder de la banda que gobernó para su propio provecho, por lo cual le siguen sendos procesos penales por corrupción, se muestra orondo ante la sociedad haciendo públicas sus ínfulas de volver con sus secuaces al Ejecutivo local, sin que ningún buen ciudadano se atreva a callarlo por falso, hipócrita, amoral, indecente, o, simplemente, por delincuente.

Tal es la impunidad naturalizada en esta sociedad que, sin ningún tipo de vergüenza, el malhechor se exhibe ante cámaras y grabadores como una víctima de la política, niega, sin inmutarse, sus múltiples crímenes contra el Estado, y se propone como la mejor alternativa para nuestra ciudad.

A pesar de eso, a nadie parece interesarle recordar que al truan comenzaron a denunciarlo en el 2009 y la mayoría de sus causas duerme congelada en los vericuetos de la justicia provincial, la cual está totalmente cooptada por la política del pasado.

A nadie le resulta importante remarcar el saldo desastroso de las calles que asfaltó, o el dinero recibido para un parque industrial que nunca fue tal, o para una política de residuos que nunca se aplicó, o para un barrio que no se terminó, o su asociación ilícita con empresas locales para esquilmar nuestra caja.

A nadie le importa la impunidad de este apóstol de la corrupción, y la absoluta y alevosa indiferencia de la justicia, la cual, abiertamente, dice que sus crímenes no son importantes y confabula con los otros poderes para allanarle el camino de vuelta al poder.

Por acá, mientras el fulano pretende volver, quienes están, y quienes deberían defender los intereses del pueblo, son incapaces de decirnos, o recordarnos, el pasado de pobreza, de exclusión, de postergación, de recesión, mientras algunos pocos se enriquecieron.

Nadie dice nada de todo esto, todas las voces enmudecen frente al pavoneo de este sujeto. ¿Porqué? ¿Qué intereses les preocupan? ¿Acaso son cómplices?

Persigan lo que persigan, callar hoy significa una complicidad implícita, donde quienes callan resultan cómplices de los corruptos, porque al callar otorgan, por más que sean inocentes inimputables por ignorantes políticos, pues el pueblo, en su incertidumbre, y en la naturalización del mal, empieza a creer que lo malo puede llegar a ser bueno.

Si no callaran, tal vez, por acá, tendríamos un poquito más de justicia, no olvidaríamos, y tendríamos mejores expectativas respecto al futuro que nos espera a los ciudadanos de bien después del 2019.

Norman Robson para Gualeguay210