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En un rapto de la genialidad que lo caracteriza, a Charly García le preguntaron qué era la Patria, y, luego de unos instantes, suspiró y dijo: "Es la casa del alma", mientras que, décadas antes, otro genio, Julio Cortázar, nos aterrorizó con La Casa Tomada. Pienso en ambos mientras observo la dolorosa verdad de hoy.

Es cierto. Nuestra alma anida en estas tierras de indómita injusticia y de insólita impunidad, de insolente atropello y de estúpida pasividad, de perversa realidad y de sueños inocentemente infantiles, mientras que los desalmados tomaron la casa palo en mano y nosotros cedemos timoratos los espacios que legítimamente nos pertenecen y que tanto esfuerzo nos costó obtener.

Es cierto. Nuestra casa es esta, la de nuestros abuelos, la de nuestros viejos, la de nuestros hijos, la de nuestros nietos. La de un pasado que nos avergüenza, tanto que vivimos un presente de heridas aún tan abiertas que nos impiden forjar el futuro pretendido, apenas merecido. La que entregamos sin resistir al avance de los apóstoles de ese mismo pasado, quienes sólo proponen violencia y postergación.

Es cierto. La casa del alma, pero del alma del patriota, del que ama, del que se compromete por lo común, del que participa en defensa y beneficio de todos, del que se hace cargo y levanta la bandera de los sueños patrios. No la casa tomada por los usurpadores que, aprovechando nuestra indolencia, pretenden restaurar lo más nefasto de nuestro pasado.

Es cierto. La casa del alma, donde se fecundan con sangre y sudor los proyectos de un país digno y creciendo, donde florecen las pasiones que lo identifican, y donde se perpetúan los éxitos y fracasos que han hecho de esta Patria nuestra Patria. No la casa tomada por la patota intolerante de vagos y parásitos que solo aspiran a seguir explotando las menguadas riquezas del otrora granero del mundo.

Es cierto. Nuestra casa, nuestra Patria, la de nosotros, la de los comprometidos, la de los patriotas, no la de los desalmados, no la de los apátridas, no la de los egoistas corrompidos por el interés individual por sobre el interés en lo común. No la de ellos, que solo la quieren para su provecho particular, para engrosar sus ya gruesas billeteras confeccionadas con la piel del pueblo trabajador.

Es cierto. Pero no nos quedemos en los conceptos, ni en la mágica genialidad que nos regaló Charly, ni en el premonitor relato de Julio, y hagamos de ello conceptos que caractericen nuestra conducta, nuestra vida. Defendamos nuestra casa, la de nuestra alma, con uñas y dientes, contra viento y marea, para que llegue sana y salva a nuestros nietos.

Es cierto. No dejemos que los desalmados usurpen lo nuestro y nos arrebaten el sueño de poder construir ese país tan soñado, tan esperado, tan ansiado, en el que tantos argentinos estamos tan esperanzados.

Es cierto. 

Norman Robson para Gualeguay21