Desde que tengo uso de razón, mi país se resiste al orden, hasta derrocarlo, para instalar el desorden, del cual siempre hubo muchos que se beneficiaron. Un desorden que siempre fue bienvenido y que nos condenó a donde estamos.

Tan es así que, en el último medio siglo, hordas de inescrupulosos corruptos, disfrazados de políticos, aprovecharon esa miseria cultural para saquear una y otra vez nuestro país. Un país que se hizo famoso por entretenerse con "pan y circo". Un país con sus masas encantadas por las prebendas, sin importar lo miserables que esas fueran y el daño que ocasionaran. Un país "orgullosísimo" de su ideosincracia.

Tanto fue el cántaro a la fuente que hoy ni siquiera podemos organizar un clásico Boca River. Tanto, que todo el tiempo brotan energúmenos, inadaptados y vándalos, embanderados en cualquier excusa, dispuestos a desatar la locura contra lo que sea: un bondi con deportistas o el propio Congreso de la Nación.

Frente a esto, de un lado te dicen: "El peronismo siempre hizo lo mismo", mientras del otro lado sonríen sarcásticos con un hilo de baba bajando por la comisura de sus bocas. Es cierto, siempre hicieron lo mismo, siempre buscaron darle un sentido político a sus mezquinas y miserables pretensiones.

Pero que quede bien clarito: esto NO tiene nada que ver con la política. No nos confundamos, ni confundamos a los otros. Menos confundamos a nuestros hijos. Esto es desinstitucionalización y desestabilización pura. Estas acciones son  simples y meros golpes contra el orden establecido de parte de fuerzas que solo pretenden restaurar el desorden.

La desestabilización sistemática y compulsiva nada tiene que ver con ideología política alguna, sino, más bien, con los crímenes de estado, con la explotación del estado en beneficio propio, con la corrupción.

Es tiempo de que dejemos de confundir gordura con hinchazón y llamemos a las cosas por su nombre. Es tiempo de que dejemos de tirar la pelota afuera y nos hagamos cargo, pues la mayoría quiere un cambio, y la minoría se opone, y esa mayoría está cansada de ser sometida por la minoría.

Los argentinos queremos orden, paz, desarrollo, justicia, etcétera, y no puede ser que una banda de mafiosos nos prive de ello. Es por eso que, hoy, todo argentino de bien exige de su Estado, más que nada, orden. Orden sí o sí. Orden por las buenas o por la fuerza, porque para eso está la fuerza, y la avalan las leyes, el estado de derecho y la República.

Por momentos me asusta la idea de una guerra civil, ridícula en este siglo y en este país. Por momentos pensar que vivimos una guerra civil moderna, donde unos y otros se enfrentan por un modelos de pais: unos por el país de la justicia y la pujanza, y otros por el país de la prebendas y el sálvese quien pueda.

Insisto, dejemos de confundir gordura con hinchazón, dejemos de mirar para otro lado, dejemos de tirar la pelota afuera. Llamemos a las cosas por su nombre, hagámonos cargo, y exijamos un cambio. Urgente. Pues antes de irme quiero dejarle a mis hijos y nietos un país en serio, o en vías de serlo, no quiero que se vean obligados a elegir un pasaporte y el exilio.

Norman Robson para Gualeguay21