Desde que tengo uso de razón veo que el Estado siempre elude sus deberes preventivos para poder aprovecharse de la situación no prevista. Toda la vida, en el ámbito que fuera, los políticos evitaron crear soluciones para poder ser salvadores que merezcan ser reelectos.

El cambio climático es un caso testigo. Es indudable que el clima ha evolucionado en cuanto a violencia e imprevisibilidad, pero, a pesar de ésto, los Estados no han adoptado politicas públicas que tiendan a corregir las condiciones en que enfrentamos estas contingencias.

Muy por el contrario, se preservan los escenarios para que, cuando lo evitable sea realidad, aprovecharlo políticamente erigiéndose como paladines salvadores ante el daño consumado, con discursos hipócritas y subsidios que poco palian la situación de los damnificados, sea que perdieran su vivienda o su producción.

Es difícil de creer que esta ausencia crónica del Estado, a esta altura, sea casual, pues cualquier análisis de la realidad nos señala las ignoradas amenazas del clima.

Esto lo vivimos hoy en Entre Ríos, donde el sabido impacto de El Niño se hace sentir en su sociedad y en su economía, mientras que el Gobernador, compungido, sale a "contener" a los afectados y prometerles ayudas, y los legisladores se apuran a pedir la declaración de la emergencia, con los correspondientes subsidios a los productores.

Ahora bien, cuando no hubo crisis climática, ni el Gobernador ni los legisladores hicieron nada por implementar políticas públicas tendientes a aliviar el impacto negativo de los fenómenos meteorológicos.

En Gualeguay pasa lo mismo, aquella crisis sufrida en marzo y abril de 2007, con un enorme impacto social y económico en su sociedad, desnudó las graves falencias hidrológicas de la ciudad que aún impiden un correcto y rápido escurrimiento, pero, a pesar de haber pasado 12 años, nadie nunca hizo nada y hoy, cada vez que llueve en exceso, los vecinos lo sufren.

Esta ausencia política ya es un clásico en la Argentina moderna, al punto de que se ha convertido en un eterno vicio criollo. Los políticos prefieren la improvisación ante la contingencia que la prevención ante las amenazas, ya que la victimización y canonización los beneficia.

Tanto fue así que, durante la Gestión Erro, cualquier tormenta era rápidamente denunciada como tornado, habilitando la gestión de subsidios ante la Nación, los cuales, cuando llegaban, terminaban en las arcas particulares de la Intendencia.

Es preciso terminar con esta práctica impiadoso y obligar al Poder a implementar políticas públicas ciertas y certeras destinadas a resolver las diferentes problemáticas hidrológicas que adolece la Provincia en general y Gualeguay en particular.

Norman Robson para Gualeguay21