La política entrerriana sufre hoy una crisis transversal a todos los partidos. A ambos lados de la calle, el dinosauriado tradicional, enquistado en el corazón del poder, se aferra a éste con uñas y dientes, ante el avance de una nueva generación de políticos.

Como este proceso no se inició ayer, sino hace unos años, hoy, la sociedad ya distingue claramente a unos y otros. En cada escenario, y en cada fauna de éste, la gente reconoce a quienes bregan por el ansiado cambio y a quienes quieren mantenerse en el pasado que les fue tan próspero.

Tal es la perversión que ha sufrido la participación política en ambas veredas, que resulta evidente que la formación ideológica a quedado de lado, reemplazada por pertenencias más identificables con poses sociales que con un compromiso social de algún tipo.

Indiferentes a los colores, unos pretenden extender, a cualquier costo, su "carrera politica", beneficiándose en lo particular, mientras que otros llegan a cumplir con la sociedad a la que pertenecen, embanderados en una política de verdad, para beneficiar a toda su sociedad.

A ambos lados de la disputa, a unos los inspira el servicio, a otros su realización. Unos quieren calidad, otros le temen. Unos adhieren a la tolerancia y el consenso, otros a las roscas y los contubernios. Unos quieren solo sobrevivir al amparo del Estado, otros quieren restaurar la política como herramienta de mejora de los pueblos. Unos están comprometidos con la sociedad, otros ven comprometidas sus zonas de confort y se oponen a todo.

Hoy, es un hecho que la transformación llegó a la política entrerriana de la mano de otra gente, gente que no viene para hacerse de un bienestar, sino para dejar su servicio, su aporte, y eso hace temblar las estructuras tradicionales. Gente cuyo desafío es sumar más gente, seducirla convenciéndola de que la política no es mala, sino que malos fueron quienes la pervirtieron en su beneficio. Gente que, en el contexto de una contienda electoral como en la que estamos, debe enfrentar a sus contrincantes al mismo tiempo que a sus enemigos internos.

O sea, la política entrerriana hoy tiene entre sus dirigentes a los dinosaurios de siempre, con sus pichones que quieren emular las carreras de sus mayores, y a una casta novata convencida de que la política es otra cosa y de que Entre Ríos merece otra realidad. O sea, dirigentes con pretensiones e intenciones diametralmente opuestas que el pueblo ya sabe advertir.

Hoy, cuando, desde su zaguán, Don Rulo y Doña Chola los ven pasar, sean cuales sean las banderas que levanten esta vez, saben perfectamente quién es quien, qué busca cada uno. Distinguen perfectamente al personaje que quiere enquistarse o seguir enquistado en la teta del poder, del comprometido que llega a cambiar y liberar a la sociedad de la postergación a la que los primeros la condenaron.

El duelo de generaciones en la política entrerriana está en curso, el pueblo puede terciar en él de un solo modo: participando, solo por el futuro de sus hijos y nietos.

Norman Robson para Gualeguay21