Siempre me gustó esto de recordar la Memoria, la Verdad y la Justicia, incluso la fecha elegida para eso. Por más que hayan querido imponer una memoria selectiva, una verdad a medias, y una justicia arbitraria, para sostener un relato conveniente, me gustó, pues creo que un pasado verdadero es justo.

Creo que esta sociedad, mi pueblo, o sea, nosotros, a lo largo de nuestra historia, nunca tuvimos Memoria, o nunca nos hicimos cargo, nunca fuimos justos, ni hicimos Justicia, sino que interpretamos la ley como quisimos, y tergiversamos la Verdad tantas veces como fue necesario, siempre en beneficio de intereses particulares.

Supongo que por eso, siempre me gustó escribir sobre la Memoria, la Verdad y la Justicia. Seguramente porque creo que esos tres valores son los que debe perseguir cualquier persona pública, preocupada y ocupada en lo común, y que se precie de tal.

Tal vez por eso me dediqué a esto de comunicar, pues un comunicador, al igual que cualquier otro personaje público, debe asumir la responsabilidad y el compromiso de reconocer y aceptar, con certidumbre y justicia, la historia en toda su dimensión. Sino es un traidor a sí mismo y al pueblo al que se debe.

Es que creo necesario tener Memoria para ser conscientes sobre nuestro origen, y, así, saber quiénes somos y a dónde vamos. Por eso, en todos los temas que abordo, sean políticos, sociales o económicos, busco referenciarme en el pasado, buscando la verdad y haciéndole justicia.

Creo, también, necesario imponer la Verdad como única versión de la realidad, sea presente o pasada, y no dejar que impongan varias verdades para esconder la verdadera. Por eso, nunca me conformo con verdades a medias para componer una Memoria conveniente, sino que me nutro de verdades crudas para hacerles justicia en lo que éstas signifiquen.

Finalmente, creo necesario hacer Justicia en todo lo pasado, con fines reparadores, aleccionadores y pacificadores. Por eso mantengo un constante e incondicional respeto por las leyes, las de los hombres y las de Dios, pues, solo así, podré ser justo en todas mis concepciones, sean para sanar, o para educar, o para apaciguar.

O sea, solo profesando un profundo compromiso con la Memoria, la Verdad y la Justicia, uno puede promover y abonar la identidad, la dignidad y la misión de un pueblo, a la luz de un saber íntegro, y con la paz que otorga el ser justo.

Por todo esto, es nuestro deber para con nuestro pueblo tener Memoria, honrar la Verdad y hacer Justicia, pues no hay nada más injusto que un pasado falso y servil a lo individual en perjuicio de lo común. Para un pueblo, solo un pasado verdadero es justo.

Norman Robson para Gualeguay21