Decimales más, decimales menos, la elección de ayer dejó mucha tela para cortar, a la vez que abrió un amplio espectro de especulaciones de cara a las generales. Contra todo pronóstico, muchos gualeyos validaron a Bogdan, y otros tantos prefirieron volver al pasado.

Dicho esto en números, 40 de cada cien vecinos quieren que siga Bogdan, unos 38 quieren restaurar el kirchnerismo de la mano de Müller y Erro, y solo 16 querían algo diferente a los dos, como era la propuesta de Justet.

Estos guarismos, en primer término, significan un importante espaldarazo tanto para Bogdan y Morchio como para Müller y Erro. Tal es así que el primero, que en el 2015 ganó la intendencia con votos prestados, a pesar de las falencias de su gobierno, y del contexto en que gobernó, pudo consolidar gran parte de aquellos votos, mientras que el segundo, a pesar de la cuestionable moral de Erro, y del tenor kirchnerista de su lista, pudo aumentar la performance del 2015.

En otras palabras, Bogdan va a las generales con 40 puntos fidelizados, Muller con 38, pero deberán disputar unos 17 del peronismo y unos 5 de Cambiemos y otros, lo cual no le da a ninguno de los dos argumentos para festejar.

De este modo, en las próximas 8 semanas que nos separan de las generales, Bogdan, Morchio, Muller y Erro deberán replantearse el escenario y salir al territorio con algo más que seductoras promesas, sino con argumentos válidos que les permitan  conquistar simpatías donde impera la antipatía.

Los de Creer deberán contrarrestar, de alguna manera, la condena que pesa sobre ellos en gran parte de la sociedad, por más que hayan reconquistado una parte. Para ello cuentan con el contexto nacional y, en una gran medida, con los espacios que Cambiemos les ha regalado, y les regala, en el territorio.

O sea, aprovechando la inacción de sus contrincantes, deberán convencer a los 22 de cada cien gualeyos que deben replantear su voto de que TN miente, de que todos son malos, de que Macri es hambre y Macri es Bogdan, y de que ellos realmente son la mejor opción.

Del mismo modo, el desafío de los de Cambiemos es bajarse de esa pose de indiferencia y arrogancia que los caracterizó y decirle al pueblo de qué se trata. Señalarle quién es quien, quienes son ellos y quienes los otros, qué hicieron los otros y qué ellos. O pueden culpar al pueblo de todo y volverse a su casa.

Hoy resulta innegable que este escenario ed producto de la permisividad política de Cambiemos y sus partidos, cuya gestión al frente de la Municipalidad, en el necio afán de ser diferente, nunca le informó a los gualeyos de los hechos de gobierno.

Es más, sus dirigentes políticos ni siquiera salieron a señalar jamás las cuestiones que iban surgiendo del pasado gobierno, ni la connivencia de los  referentes locales con el gobierno provincial, ni hicieron algun tipo de presencia política en el territorio.

O sea, después de la campaña 2015, y ganar las elecciones, con la excusa de gobernar, desaparecieron políticamente del territorio, y se encerraron en si mismos con la excusa de que ellos eran "buenos" y "estaban para gobernar".

Olvidaron preceptos políticos básicos como aquello de que "el que calla, otorga", y aquel de que "no alcanza con ser, sino que hay que parecer", y así les fue.

De este modo, la suerte de las generales no está en los gualeyos, como quieren algunos que se piense, sino en los ahora candidatos, en que dejen sus individualidades, de ambos lados, en que unos decidan salir a contar la verdad, y en que otros puedan imponer nuevamente su relato.

Así que nada para festejar, y mucho para replantear y trabajar. Si, a trabajar, ya que no importa lo mucho que haga cada uno, sino lo bien que se haga en conjunto.

Norman Robson para Gualeguay21