Hoy, todos, como cada vez que hay datos sobre la pobreza, nos rasgamos las vestiduras horrorizados, pero, lo cierto, es que llevamos una vida de pobres. Más allá de los porcentajes publicitados, la sensación es que somos tan pobres como siempre, como lo éramos con Perón, con la Dictadura, con Alfonsín, con Menem y con los Kirchner.

Si bien no hay datos oficiales de la última mitad del siglo pasado, los indicios estadísticos de diferentes fuentes hablan de que, en los 80s, la pobreza se fue de un 20 por ciento, hacia el final de la Dictadura, a niveles superiores al 40 por ciento, en 1989, con la hiperinflación que tuvo lugar al final del gobierno de Raúl Alfonsín.

En la década de 1990, signada por los diez años de gobierno de Carlos Menem, los índices de pobreza volvieron a bajar hasta casi el 20 por ciento, pero repuntó durante su segundo gobierno, trepando hasta casi el 30 por ciento.

En la primera década del nuevo milenio, la pobreza, gracias a la crisis del 2001, según diferentes fuentes, habría superado el 50 por ciento, pero Néstor Kirchner, quien implementó que el Indec publicara los datos regularmente, logró reducirla al 27 por ciento hacia finales de su mandato, en 2006.

Lamentablemente, a partir del primer gobierno de Cristina Fernández, y hasta la llegada de Macri, se intervino el Indec y no hay datos oficiales sobre la evolución de la pobreza, aunque, según otras fuentes, la misma habría subido hasta más de 35 puntos y bajado, en 2015, a niveles cercanos a los 30.

Por último, como ya todos sabemos hoy, durante el gobierno de Mauricio Macri, la pobreza volvió a repuntar al 35 por ciento.

O sea que, en estas últimas décadas, los números de la pobreza solo se redujeron después de cada una de las grandes crisis económicas, pero nunca como resultado de políticas progresistas sustentables, sino a medidas coyunturales que permitieron sortear la situación.

Ahora bien, sin faltarle el respeto a los índices estadísticos, ni a su importancia y trascendencia, mi medio siglo de consciencia, con un pasado que me llevó por distintos rincones del país, me hace percibir que la pobreza sigue siendo la misma. Creo que la barrera entre pobres y no pobres a veces incluye más o menos gente, pero sin que cambie sustancialmente su situación.

En otras palabras, no veo nuevos pobres mudándose de un lado al otro, sino que los pobres siguen siendo los mismos, tan pobres como siempre, mientras que lo que cambia es que algunos no pobres se ven privados de algunas cosas que los pobres nunca tuvieron. O sea que no es que haya más pobres, ni que éstos sean más pobres, sino que una porción de no pobres sufre recortes a su poder adquisitivo.

En definitiva, eramos tan pobres como seguimos siendo.

Norman Robson para Gualeguay21