Sin ánimo de competir ni emular a los científicos y profesionales que abordan estos temas, se me ocurrió reflexionar sobre nuestra actitud, y cómo esta define nuestro futuro a partir de las decisiones que tomamos a cada instante. Descubrí así el impacto negativo que resulta de la poca atención a la hora de decidir.

Para descular esto, puse en cámara lenta nuestra vertiginosa rutina diaria y me detuve en cada instante. Descubrí así cómo la interpretación de cada contexto, y las decisiones tomadas para cada uno, son determinantes en el curso de nuestra vida.

De esto concluí, sin lugar a dudas, que la atención es una parte importantísima en nuestra actitud, ya que es la que nos permite, a cada instante, interpretar las oportunidades y decidir la mejor. A mayor atención, mejor interpretación y mejor decisión, diría la teoría, pero la buena o mala suerte también inciden en esto.

Cada día, mientras estamos despiertos y activos, cada uno de nosotros toma más de 50 mil desiciones según se le representa la vida. Interpretaciones y decisiones que van determinando el rumbo de nuestra jornada. Cada decisión modifica nuestro futuro, algunas reflejas y otras conscientes, algunas, tal vez, de impacto intrascendente, pero, otras, más o menos determinantes.

Por ejemplo, a cada instante, vemos lo que hay y decidimos qué hacer y cómo hacerlo, hacia dónde mirar y qué ver, qué escuchar, a quién hablar y qué decir, como movernos y de qué forma, y hacia dónde ir y cómo ir, entre tantísimas otras decisiones.

Tan es así que muchas tragedias tienen lugar a partir del instante en que alguien se equivocó al tomar una de esas decisiones, al igual que algunos golpes de suerte resultan de otras.

Ahora bien, esto significa que cada decisión responde a una oportunidad que nos presenta la vida, a cada instante, para definirla y darle un sentido u otro. A cada momento, se abre frente a nosotros un menú de alternativas, de las cuales, en ese mismo momento, cuando conscientes, las reconocemos y elegimos la que nos parece mejor, y otras, inconscientes, optamos por reflejo.

Pero la cuestión no termina ahí, sino que cada día se compone de una larga cadena de encrucijadas, cada una con infinitos e impredecibles finales. Es así como, casi sin querer, vamos moldeando nuestra vida, vamos escribiendo nuestra historia, y vamos determinando nuestro destino. Interpretando y decidiendo.

Por ejemplo, cuando conducimos un auto, vamos viendo el contexto de la calle que se va presentando delante nuestro y vamos decidiendo, a cada instante, por donde llevarlo y a que velocidad. Vemos un bache y decidimos si lo eludimos o no, o si lo atravesamos más o menos despacio, siempre entre las banquinas o los cordones.

De la visión que tengamos de la calle y de las decisiones que tomemos dependerá la durabilidad del auto y sus partes. Romper una cubierta y llegar tarde, o quedarte sin frenos justo en la esquina y chocar, pueden ser algunas de las tantas consecuencias. Al mismo tiempo, cuanto más rápido conducimos, más rápido se nos presentan las oportunidades, y menos tiempo tenemos para las decisiones correctas.

Por todo esto, revisar los instantes de nuestra jornada activa, y los diferentes contextos, nos sirve para magnificar la cantidad de oportunidades que se nos presentan y la de decisiones con que respondemos a ellas, a la vez que nos permite concebir la incidencia de todo esto en nuestra vida. De allí las dimensiones del desafío de la atención.

Vale destacar que la inacción, el no hacer nada, también responde a una decisión y también impacta en nuestra vida de igual manera que la acción, sea esta cual sea.

De este modo, resulta de lo expuesto que, acá también, la práctica hace al maestro. La práctica de una completa ponderación de los contextos, y de un rápido reconocimiento de las oportunidades, irá moldeando una mejor actitud que redundará en una mejor calidad de vida y un mejor futuro.

Ahora bien, más allá de esto, siempre aparecen inesperados imponderables, producto de la suerte, que alteran los contextos imprevistamente, alterando también las decisiones tomadas  y obligándonos a replantear todo instantáneamente.

Para neutralizar estas contingencias negativas, podemos incorporar a nuestra consciencia conceptos como la cautela, la prudencia, la previsión y la planificación, entre otros, e implementarlos hasta que lleguen a ser parte de nuestros reflejos.

En definitiva, de reflexionar sobre esto concluí que siguiendo un riguroso entrenamiento se puede lograr una mejor y completa visión de los contextos que se enfrentan, a la vez que se pueden incorporar a los reflejos conceptos que tiendan a evitar impactos negativos.

En una película que vi, un tipo llega a su casa y, como todos, automáticamente, prendió la luz. Como había un escape de gas, la chispa provocó una gran explosión que terminó con su vida. Eso me marcó. Desde aquel momento, cuando llegaba a casa, olfateaba bien antes de mover la perilla. Hoy hago lo mismo pero por reflejo.

Norman Robson para Gualeguay21