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Esta frase, de la época de las monarquías europeas, hoy se hace vigente recordándonos que el reino está por arriba de sus reyes. O sea, que las instituciones están por arriba de los hombres, quienes pasan, mientras las otras quedan. Una frase, y un concepto, que deberíamos adoptar hoy todos los argentinos.

Hoy, como cada 10 de diciembre cada cuatro años desde que estamos en democracia, hay recambio en la Presidencia de la Nación. Esta vez se va el Ing. Mauricio Macri, y llega el Dr. Alberto Fernández. Un hecho que, en estos tiempos de mucha violencia política y poco respeto por las instituciones, resulta oportuno y trascendente.

Por eso hoy toma relevancia aquello de "Muerto el Rey, Viva el Rey". Porque nos recuerda que, por arriba de estos hombres, y sus colores, está el país. Porque nos recuerda que, más allá de nuestras simpatías, no debemos perder el respeto por los estatutos, ni por las investiduras, actitudes que nuestra sociedad parece haber perdido.

Ahora bien, agotadas las monarquías, llegaron las repúblicas y las democracias, como debería ser ésta, con aquello de que "el Pueblo es Soberano", un concepto que llegó a esta patria pero que aún no hemos comprendido o, por lo menos, no hemos aprendido a respetar.

Lo cierto es que en la Argentina, en las últimas elecciones, la mitad y algo más de su Pueblo Soberano eligió un nuevo Presidente, mientras que la mitad menos el mismo algo de ese mismo Pueblo Soberano eligió al viejo Presidente. Esta indiscutible realidad nos obliga, como parte del mismo Pueblo Soberano, a respetar las investiduras tanto del nuevo mandatario como del saliente.

Pero allí no se agota la cuestión. No alcanza con vivar al nuevo presidente, ni con respetar al saliente, ni siquiera con reconocer nuestra responsabilidad política en las elecciones. No alcanza con esa actitud pasiva, sino que, hoy, la situación exige una actitud participativa en toda la dimensión de aquella responsabilidad.

El General Perón bien dijo aquello de que "primero está la Patria, después el movimiento, y luego los hombres", y que "el que gana gobierna y el que pierde acompaña". Aunque parece que hablaba de grandezas hoy extinguidas entre tanta mezquindad y miseria política, estos conceptos también merecen una relevante vigencia.

Perón no hablaba de "oposición" porque, aunque sus detractores sostengan lo contrario, no creía en la violencia de las rivalidades. El General sabía que entre opuestos era imposible construir algo. El creía que en democracia no había ganadores ni perdedores, solo había elegidos para gobernar y elegidos para acompañar, todos en sana convivencia, indiferentes a cualquier intolerancia.

Del mismo modo, décadas después, un día como el de hoy, Raúl Alfonsín, al recuperar la Democracia, nos prometió que íbamos a vivir en libertad, y que esa libertad iba a servir para construir, para crear, para producir, para trabajar, para reclamar justicia, para sostener ideas, para organizarse en defensa de los intereses y los derechos legítimos del pueblo todo y de cada sector en particular. En suma, para vivir mejor. Palabras que remató con aquello de que "con la democracia no sólo se vota, sino que también se come, se educa y se cura".

Lamentablemente, los conceptos de Perón no sobrevivieron ni en el propio Juaticialismo, mientras que la promesa incumplida de Alfonsín es la misma de todos los que lo siguieron, y aún sintetiza la deuda de la política argentina con su pueblo.

Por esto, hoy, 10 de diciembre de 2019, a 34 años de aquel 1983, todos los argentinos, de cualquier raza, género y edad, deberíamos hacer a un lado nuestras pasiones y nuestra incredulidad, y repetirnos que Muerto el Rey, Viva el Rey, y comprometernos a que todo el Pueblo Soberano, del color que sea, lo acompañe. Creo que, en definitiva, esa es una parte del cambio que todos los argentinos queremos.

Norman Robson para Gualeguay21