Fue el compañero de cada mañana despertando a la vida. Inmaculado argumento en las fiestas patrias. Uniforme de la infancia que cada uno resguarda en un rincón del corazón y que, a veces, puede volverse la excusa del recuerdo común para.un emotivo encuentro.

El guardapolvo es eso, y, a la distancia que nos impone el tiempo, es el punto de encuentro de cientos de historias y miles de anécdotas. "¿Te acordás?" Y la inevitable tristeza de encontrarnos en la memoria con aquellos que, capaz, ya no están.

Alrededor de este guardapolvo, con la excusa de un aniversario, aquellos gurises, hoy hechos hombres y mujeres, se reunen para revivir aquel universo de travesuras, de picardías, de inocencias, de alguna rateada, y, porqué no, de un primer beso a ese primer amor.

En realidad, ese guardapolvo fue un compañero de descubrimiento, con el que descubrimos las matematicas y la lengua, pero, también, la payanca y las figuritas, y la responsabilidad y el respeto.

Hoy, lejos de aquel camino compartido, los gurises se encuentran alrededor de aquel guardapolvo con su historia, con su camino propio de éxitos y fracasos, y, juntos, reviven aquellos momentos, con la inevitable melancolía que impone las décadas.

Anoche fueron los gurises de la Castelli que dejaban su infancia y empezaban a ser grandes en 1989. Mañana serán los de la Normal, la Comercio, o la Pizzurno. Los recibidos en los 70s como en los 90s. No importa. Lo que importa es ese mirar atrás hacia aquella realidad de guardapolvos y maestras, y convalidar el encuentro.

Norman Robson para Gualeguay21