Hoy en día, ningún gualeyo discute el carnaval, ya que es nuestra fiesta popular por excelencia. Sea que la veamos desde Estación X, o desde el costado del circuito al final, los gualeyos no cuestionamos nuestros corsos. Ahora bien, más allá de eso, y nos guste o no, quienes vienen de afuera ven cosas que nosotros no vemos y deberíamos atender.

Por ejemplo, algunos me han preguntado cuál es el sentido de tener dos "músicas" (banda y batucada) en una sola comparsa, con los trastornos que eso acarrea. Preguntaron porqué no se hacen dos comparsas más chicas, una que pase al ritmo de una banda y otra al de una batucada.

Otros me han preguntado, también, si el ánimo de una comparsa es lucirse ante el espectador en diseños y movimientos, como una suerte de desfile revisteril, o bien fusionarse con el público para contagiarle alegría y generar un marco de fiesta en la que el espectador sea parte.

En ese mismo sentido, en ocasión en que algo de espuma cayó sobre un muy bien emplumado espaldar, una mujer, sentada cerca mío, se lamentó, casi horrorizada, y sugirió que no se debería usar la espuma cuando pasan las coreografías más elaboradas.

Otra mujer, que hace poco se radicó en Gualeguay, me aseguró que, desde que llegó, quiere saber qué se tiene en cuenta para elegir una reina, un pasista, un espaldar, una carroza o el propio espíritu carnavalesco, pero que nunca encontró a nadie que le explicara.

Del mismo modo, medio enojado, un amigo, que viene seguido, me reclamó que las mejores ubicaciones son de los gualeyos, y, al respecto, se quejó: "a los turistas nos mandan al gallinero (plateas altas en el teatro) o a las tribunas del fondo, donde no hacen nada". Luego agregó, en el mismo tono, que el sistema de compra por internet funciona así a propósito, para evitar que los turistas puedan comprar.

A esto último no son pocas las voces críticas quienes se suman, muchas argumentando que es mucho más fácil, y seguro, sacar entradas para Arjona que para el corso de Gualeguay.

A ésta critica a la organización se suman otras, especialmente en cuestiones delicadas, e importantes, como el servicio del sonido y como el trabajo de la prensa registrando y difundiendo el evento. Problemas éstos que, a pesar de lo sencillo, llevan décadas sin solucionarse.

Cuando recibo éstas "confesiones", y tantas otras que para esta época se escuchan, no puedo evitar recordar a una amiga de Gualeguaychú que siempre que le enumero los atributos de nuestro carnaval me responde reconociendo que son ciertos, pero agregando que, por ellos, somos un carnaval indeciso, indefinido, y que no sabemos lo que queremos, ni lo sabe quien nos visita.

Definitivamente, no puedo explicarles a todos, y menos a esta última, que hemos logrado una identidad musical, que hemos hecho de la espuma algo que nos distingue, y que estamos evolucionando o tratando de evolucionar, como un carnaval participativo. Pero tampoco puedo responder sus cuestionamientos. No solo porque no tengo argumentos para hacerlo, sino porque comparto esas mismas inquietudes.

Entonces, indefectiblemente, me vuelvo a preguntar si tiene sentido la convivencia de la banda y la batucada en la misma comparsa, si el ánimo de las comparsas debe ser lucirse o divertir, y si no deberíamos definir que carnaval queremos, si espectáculo o fiesta, si solo para nosotros, o para turistas, si competencia o exposición, y alinear todo eso en el sentido decidido.

Respondiéndome a mí mismo, imagino un carnaval igual, pero distinto. Con el mismo espíritu, pero con otro diseño.

Así, imagino un carnaval donde desfilan tres comparsas y tres batucadas, unas comparsas elegantes y otras más divertidas, cada una con su sello distintivo. Un carnaval donde el show es para todos, en todo el trayecto. Un carnaval diverso y participativo que potencia la fiesta de la espuma y en el que los turistas tienen un lugar de privilegio. Un carnaval sin más competencia que la ovasión popular.

Un carnaval con un servicio de sonido que, por ser gualeyo, sea a la medida de nuestro espectáculo, llegando con calidad precisa a cada rincón del corsódromo. Un carnaval que pueda verse on-line, registrado con grúas cámaras propias, y que el material se ponga de inmediato a disposición de todos los medios. Un carnaval que sea inolvidable, tanto para los gualeyos como para quienes nos visitan, y que sea una obsesión para quienes aún no lo conocen.

Puede ser una locura, y puede haber otras tantas fantasías como la mía, pero, definitivamente, podemos desarrollar un carnaval tan apasionante como el que tenemos, pero mucho más coherente, conviviente y seductor. Solo es cuestión de decisiones.

Norman Robson para Gualeguay21