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En esta actualidad de hogares monoparentales o ausentes por trabajo, de intromisión mediática, y de derechos a la marchanta, la conducta de los hijos dejó de estar en las manos de sus padres, y estos vagan a la deriva, en escalofriante soledad, y a merced de la suerte, mientras que el Estado, quien debe actuar en estos casos, mira para otro lado.

Los gurises de hoy, en su mayoría, viven un mundo de licencias, libertades y derechos que nacen en la impotencia de los padres, se potencian descontrolados ante la indiferencia del Estado, y terminan condenándolos a una angustiante soledad, sin nadie que se ocupe, se preocupe o, siquiera, entienda, por lo que atraviesan.

Antes, en el desarrollo de los gurises, intervenían, primariamente, el hogar, y, luego, la escuela, la iglesia, el club, la calle, etcétera, donde papás, mamás, maestros, curas, dirigentes y los vigilantes de la esquina tenían algo en común: un compromiso con ellos y su futuro.

Actualmente, el desarrollo de los gurises transcurre, en gran proporción, en hogares de padres separados y/o con uno, dos o más trabajos, quedando solos  y sin el rectorado tradicional del hogar. O sea, sin nadie que los oriente en sus decisiones, tal vez no importantes para los mayores pero si cruciales para ellos.

Al mismo tiempo, la globalización, el consumismo y las nuevas tecnologías de información y comunicación han invadido su desarrollo desde temprana edad. La televisión e internet, a través de las pantallas de teles, compus y celulares, se han convertido en grandes influyentes, no siempre de forma positiva, menos sin la protectora tutoría familiar.

Del mismo modo, los tiempos han cambiado los ámbitos. En la escuela, para el maestro, los gurises solo son educandos sujetos de derechos. En el club, solo existen si pueden llegar a ser estrellas. En la iglesia, los curas ya no son confiables. Y, en la calle, para el vigilante son solo rateros en potencia. Así, los gurises crecen en el egoísmo y aprenden que solo existen si tienen lo que el consumismo dice que tienen que tener.

En definitiva, más allá de lo que digamos, hoy en día, lo tristemente cierto es que nadie está comprometido con los gurises y su futuro, sino que todos estamos compenetrados en el extenuante rigor del ajetreo diario por sobrevivir, cada uno cuidando lo suyo.

Conscientemente, todos amamos a nuestros hijos, nadie pone eso en duda, pero los nuevos modelos sociales nos han llevado puestos y, lo que es peor, se están llevando puestos, ante nuestros propios ojos, la vida y el futuro de nuestros hijos. Talnes así que, cada vez que percibimos ésto, algo nos distrae y nos devuelve al torbellino diario, postergando la consciencia hasta nuevo aviso. Lamentablemente, Dios no quiera, hay avisos que pueden llegar trágicamente tarde.

Por lo tanto, hasta que no reconozcamos esta realidad, y hasta tanto el Estado no reasuma su responsabilidad ordenadora en todo esto, solo cumpliendo y haciendo cumplir las leyes vigentes, y hasta que el entorno social no reasuma sus compromisos para con los gurises, y, así, la familia pueda retomar las riendas en la formación de los gurises, no solo les estaremos arruinando la vida, sino que, también, estaremos despilfarrando el futuro de toda la sociedad.

Norman Robson para Gualeguay21