La modernidad, la globalización y las nuevas tecnologías pusieron en valor las imágenes y su tratamiento. Razonable, su impacto supera el de mil palabras. Pero, más allá de eso, el Estado no debe confundir los roles, ni olvidar el carácter público de sus actos y eventos. Cada uno de los actores debe cumplir su rol.

Repasemos esto de las imágenes en los actos y eventos públicos desde un principio, viendo cuál es el sentido de las imágenes, y cuáles son los roles de los medios de difusión, de los fotógrafos y camarógrafos sociales, y del Estado.

¿Cuál es el sentido de las imágenes?

Las imágenes de un acto o evento son, en lo inmediato, para compartirlo con el mundo, y, en el tiempo, para recordarlo. En este sentido, para los actores privados, las imágenes para difundir y las imágenes sociales forman parte de una actividad económica, mientras que, para el Estado, las imágenes son parte de su gestión pública.

¿De quién es el crédito?

El crédito de las imágenes, en el caso de los fotógrafos y camarógrafos sociales, indiscutiblemente, es de los profesionales, mientras que aquellas imágenes tomadas por los trabajadores de prensa al servicio de los medios, el crédito es de éstos últimos.

Cabe resaltar que, en estos casos, las imágenes son bienes privados desarrollados como parte de un negocio económico, y está en los legítimos dueños el difundir o no sus bienes, y cómo hacerlo, imponiendo o no el crédito con sellos y marcas sobre las imágenes.

¿Qué pasa cuando es el Estado quien maneja las imágenes?

Ahora bien, cuando es el Estado el que maneja las imágenes de sus actos y eventos públicos, las imágenes dejan de ser bienes privados y pasan a ser bienes públicos. O sea, dejan de ser parte de un negocio para ser parte del objeto del Estado, haciendo que las imágenes sean públicas.

En otras palabras, las imágenes son tomadas en nombre del pueblo para comunicar y recordar hechos del pueblo. No son del Municipio, ni de una gestión en particular, sino que son del pueblo, son públicas.

Por lo tanto, una gestión de gobierno no puede, o no debería, explotar las imágenes públicas para publicitar la municipalidad, ni, mucho menos, su gestión en particular, eso es propaganda política. Lo que sí debe, o debería, hacer es utilizarlas solo para promover el quehacer general de la ciudad. O sea, no puede, o no debería, imponer marcas de agua contaminando la imagen, ni condicionar su alcance, de manera alguna.

¿Es lo mismo que la información pública?

El tratamiento de las imágenes públicas es similar al de la información pública, donde el rol del Estado debe, o debería, ser el de facilitador, y no el de competencia, y no mezclar esa responsabilidad con la propaganda política que haga.

Para esto, el Estado debe entender, y respetar, el rol de los medios de prensa, el cual no solo implica la comunicación de contenidos, sino que, también, involucra una garantía de veracidad sobre esos contenidos.

¿Cómo debe el Estado manejar los actos y eventos?

En consecuencia, el Estado tampoco puede, o tampoco debería, condicionar el trabajo de los medios en los actos y eventos públicos por él organizados, y, mucho menos, usufructuarlos para su beneficio, sea éste político, económico o estratégico.

En estos casos, el Estado solo debe ordenar las tareas, priorizando la labor de los trabajadores de prensa por sobre la de los fotógrafos y camarógrafos sociales, ya que en los primeros se funda la difusión pública del acto, la cual es obligatoria. Es más, como la labor de los camarógrafos y fotógrafos sociales tiene un sentido lucrativo particular, puede ser válido y natural aplicarle un canon dinerario.

¿Entonces?

El Estado está para administrar el ordenamiento general y el desarrollo integral de la ciudad, a la vez que está obligado a compartir, en términos de información e imágenes, todo lo que realice en tales sentidos.

Por lo tanto, a la hora de tratar las imágenes y la información públicas, el Estado debe plantearse solo como facilitador, sin pretender competir, ni, mucho menos, mezclar éstas con la propaganda política. Por otro lado, y de igual manera, a la hora de organizar los actos y eventos, también públicos, también debe facilitar la labor de la prensa.

O sea, el Estado debe facilitar y los medios de prensa deben difundir. Como suele decir sabiamente el Intendente Bogdan: "Cada chancho en su teta".

Norman Robson para Gualeguay21