En estos días de tarjetas alimentarias, mujeres con hijos chicos, y sin trabajo formal, fueron foco de todo tipo de desprecios solo por necesitar ayuda y recibirla. Muchos pierden de vista que son las gallinas del último palo de un gallinero que compartimos y que nunca nos molestamos en corregir, sino que solo buscamos ubicarnos en un palo mejor.

Nos guste o no, ellas no son culpables de nada, sino que son meras víctimas inocentes de un orden que nunca eligieron: el orden del gallinero. Un orden impuesto desde los palos superiores, aceptado y consentido en los palos intermedios, y sufrido en los palos de abajo, pero sin que nadie, nunca, atine a cambiarlo.

Ellas son solo las gallinas que no fueron bendecidas con la suerte de nacer en el momento y lugar conveniente, mientras nosotros somos las gallinas que, por acción o inacción, no corregimos el sistema y solo buscamos acomodarnos a nosotros mismos.

Este gallinero fue ideado, e impuesto, por los jeques históricos de la política vernácula, sean políticos, sindicalistas, empresarios o cualquier otra miserable calaña de la nefasta casta que ordena este país desde hace décadas. Se trata de un orden donde las gallinas de arriba cagan sobre las de abajo, y, cuanto más abajo están ubicadas, más son cagadas.

En este orden, las gallinas de los palos intermedios, no tan cagadas como las del último palo, en lugar de buscar cambiar el orden establecido por uno más horizontal, donde nadie cague sobre ellas, ni sobre nadie, prefirieron, históricamente, buscar ubicarse un poquito más arriba para ser un poquito menos cagadas.

De este modo, y a lo largo de la historia, las gallinas del palo superior, por acción, y las gallinas de los palos intermedios, por miserable comodidad, se han cagado en las impotentes gallinas del último palo, a la vez que nunca, ninguna de las gallinas, cagadas pero no tanto, se molesto en cambiar el orden por uno más justo.

Ahora bien, lo hipócritamente tragicómico de todo este injusto orden es que las gallinas de los palos altos y medios, desde su comodidad, culpen a las inocentes gallinas del último palo por estar cagadas, cuando están cagadas por culpa de ellos.

Por lo tanto, si sos una gallina del palo de arriba del todo, o si sos una gallina de los palos del medio, no cacarees en vano. Hacé como siempre: seguí ignorando a las pobres gallinas del palo cagado. Caso contrario, te vas a ver en la obligación de hacer algo para corregir el gallinero.

Norman Robson para Gualeguay21