Nada más adecuado para definir y sintetizar el desafío que enfrentará el mundo post-corona que el concepto de resiliencia, esa capacidad del ser humano de superar circunstancias traumáticas y de capitalizarlas positivamente.

Sin dudas, el coronavirus pasará, y nos dejará, tras de sí, el reto de reinventarnos de acuerdo a un nuevo modelo, con un nuevo orden. Un nuevo mundo. Es por esto que creo que, en la intimidad del aislamiento, debemos ir pensando cómo será ese día después y en cómo vamos a adaptarnos llegado el mismo. Ese será el día en que nuestra capacidad de resiliencia se pondrá en juego.

Todos podremos ser resilientes, en la medida de que dejemos de aferrarnos a lo conocido, nos predispongamos al cambio, y nos preparemos para comprender y aceptar la nueva realidad, sea cual sea, y, así, estar listos para adaptarnos a la misma en toda su dimensión. El secreto estará en nuestra preparación emocional para enfrentar al trauma.

Hoy, en plena crisis, nos domina una angustia originada en nuestro miedo a la muerte, de la cual da cuenta la tele minuto a minuto. Al mismo tiempo, de a poco, nos va abandonando ese miedo crónico al cambio, el cual ha condicionado siempre nuestra evolución. El propio instinto de supervivencia nos va sensibilizando, haciéndonos permeables a nuevos conceptos, a nuevos paradigmas, a un gran cambio.

Se trata de saber qué esperar, no para actuar preventivamente, sino para no ser sorprendidos. Aunque aún no conozcamos cómo, ni cuánto, nos dejará ésta pandemia cuando termine, su paso por China, y los estragos que está haciendo en Europa, nos permiten ir bosquejando algo del futuro que nos espera, tanto en lo social, como en lo económico, como también en lo político y en lo cultural.

Más allá de los distintos escenarios que nos pueda deparar el mañana, en todos ellos el contexto económico individual y general va a ser muy complicado, mientras que, como contrapartida, la convivencia social podría quedar pacificada, las miserias políticas condenadas y, en lo cultural, la sociedad podría estar predispuesta a recuperar viejos valores éticos y morales.

De este modo, todo esto va dándonos la oportunidad impensada de madurar, lo cual, definitivamente, no es poco. Madurar hacia una sociedad más responsable y más comprometida.

En otras palabras, una vez que pase todo esto, se nos presenta un escenario muy distinto al otro, "un barajar y dar de nuevo" donde, si nos preparamos, podremos reinventarnos tal y cual nos merecemos. Solo es cuestión de proponérnoslo.

Norman Robson para Gualeguay21