Hoy es 7 de junio, día del periodista, y, seguramente, todos hablaremos de periodismo y pandemia. No voy a romper esa tendencia. El coronavirus nos golpeó a todos. A todos. No dejó nada sin afectar. Pero, como bien dicen, no hay mal que dure cien años, ni mal que por bien no venga.

Entonces, pienso en esta crisis como una experiencia y una oportunidad, de las cuales los periodistas no estuvimos para nada ajenos, sino que fuimos y somos protagonistas, a pesar de sufrir el quebranto de nuestra actividad.

Como seremos de importantes que, frente a la pandemia, la Organización Mundial de la Salud no tardó en reconocer el valor de la información y, en particular, del rol que desempeñamos los periodistas, a la vez que nos convocó a sumarnos a la solución. Hasta este Gobierno Nacional nos incluyó, desde el primer DNU, entre lo esencial.

O sea, al igual que en todas las malas de la historia, los periodistas estuvimos y estamos en las trincheras, cuando no en el propio campo de batalla. Esta vez, junto a quienes se pusieron al hombro la pandemia, mientras otros se quedaron en sus casas, y otros se escondieron en sus casas.

Esta pandemia llegó, pegó, dejó nuestras miserias al desnudo, y se va a ir, dejándonos el desafío de construir un nuevo mundo, para el cual, también, los periodistas seremos esenciales.

Un desafío para el cual ya sabemos quienes están comprometidos con la sociedad y el futuro, con quienes se podrá contar, y sabemos quienes no lo están, ni se podrá contar con ellos.

Por ejemplo, las instituciones serias y responsables, que hoy demostraron estar a la altura de los compromisos que exige este presente, conciben a los periodistas, a nosotros, como sus socios, mientras que aquellas que no les dio para estar, nos temen y nos rechazan.

Es así. Se va a ir la pandemia, dejándonos varias cosas buenas, pero, también, dejándonos económicamente lastimados, ya que las pautas publicitarias, las ventas de ejemplares, los abonos, o sea cual sea nuestro único sustento, sucumbió como nuestra economía. Sí, lastimados, pero orgullosos y honrados de haber cumplido con nuestra misión.

Es cierto, con ese orgullo y ese honor tal vez no conformemos al almacenero, ni al carnicero, pero sí nos permitirá seguir diciendo la verdad. La misma verdad con la que nos construimos, y con que ahora nos reconstruiremos.

Por todo esto, como todos los años, y este año más que nunca, renuevo mis votos para con esta profesión que hace apenas 11 años que abrazo, y que tan feliz y satisfecho me hace sentir.

Norman Robson, Gualeguay21

Gualeguay, 7 de Junio de 2020