Sin lugar a dudas, la situación económica de la provincia es desesperadamente crítica y al Gobernador, no solo que no le cierran los números, sino que cualquier proyección a futuro le da escalofríos. Se le desmoronó la recaudación, así como se le van desmoronando las esperanzas de que la Nación pueda salvarle la situación. "¿Y ahora quién podrá ayudarnos?", dicen que se pregunta.

Claro está que el Chapulín Colorado no existe, y que de crisis como ésta no hay antecedentes, pues la Nación está igual, y el mundo está igual. Si, es cierto, arriba tienen la maquinita de billetes, pero esa va a explotar en cualquier momento. Los argentinos ya sabemos lo que pasa cuando abusamos de ella.

En este contexto, y en su desesperación por recursos líquidos, Bordet, aprovechando la pandemia y con un tinte de justicia, pretende resolver ese problema aumentando la recaudación sin reducir los gastos. Los argentinos también sabemos ya que eso es inútil.

Por otro lado, convengamos que eso de que "paguen más todos los que más ganan" no es una genialidad intelectual del nuevo milenio, sino que ha sido siempre el ánimo filosófico de cualquier política tributaria justa de los últimos tiempos. Políticas que, por estos pagos, se han pervertido con alevosía en beneficio de lobbies amigos del poder.

Es por esto que, a primera vista, las medidas de la emergecia pueden ser simpáticas cuando parecen atacar a los bancos, a las droguerías y a los grandes terratenientes. Más aún, cuando parece obligar a todo el Estado a someterse a una misma paritaria, y, más todavía, cuando carga la caja previsional sobre los empleados públicos que más ganan.

Pero, al raspar un poquito, vemos que es solo otro acto de perversión inescrupulosa. Tal es así que, de modo encubierto, y en plena pandemia, le aumenta los remedios a los enfermos y le baja el sueldo a la administración pública. 

La situación es caótica y la propuesta de Bordet apenas estira el desenlace un par de meses, mientras las otras 22 provincias están, más o menos, en el mismo camino, junto con la Nación. Nadie está exento de esto, y no hay banca o país en el mundo en condiciones de salir a ayudar a nadie.

O sea, la situación es novedosamente jodida. Jodida sin precedentes. Y lo que sí sabemos es que de ésta no vamos a salir aplicando las mismas estrategias de siempre.

Ahora bien, en este escenario, lo que alguien debe explicarle a Bordet, al oído si quiere, es que las viejas recetas no sirven para este caso, ni siquiera para aletargar la agonía mientras espera que le explote al próximo. Esta crisis es hoy y no hay forma de que se la pueda dejar al que lo suceda, así que va a tener que inventar algo, algo en serio y bueno.

¿Quiere aumentar la recaudación fiscal? Perfecto. Pero, para eso, tiene que hacer dos cosas: aumentar la producción y reducir los gastos, y ambas cosas sensiblemente, y todo debe ser en el marco de una estrategia pública, con políticas de estado, no con una emergencia improvisada de 12 meses.

O sea, Bordet debe salir a gobernar la crisis, anteponiendo a cualquier otro interés el futuro de los entrerrianos, incluso concibiendo un cierre parcial o total de las fronteras económicas con moneda propia, ya que el Chapulín Colorado no existe y de ésta no lo salva nadie.

Norman Robson para Gualeguay21