Ser político es tener una idea de sociedad y saber como llevarla a cabo gobernando, y gobernar es administrar y ordenadar responsablemente la convivencia y desarrollo de una sociedad para bien de todos los gobernados. Ser político no es abrazar elocuentemente una ideología para acceder a un cargo, y gobernar no es mandar sin un sentido, eso es mera corrupción.

Corrupción: perversión o vicio. Alteración de la forma o estructura de algo. En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.

A lo largo de las décadas hemos degradado tanto los conceptos de política y de político que, hoy, hemos olvidado lo que significa gobernar y creemos que solo los que roban son corruptos. Tal es así que, en estos días, nos hacen responsables a los ciudadanos del desorden general, cuando eso es responsabilidad exclusiva de quienes gobiernan, que ya ni eso quieren hacer.

En honor a la verdad, hace mucho tiempo que por estos pagos no vemos gobiernos que gobiernen. Nos hemos acostumbrado a que los gobernantes improvisen preocupados más por perpetuarse en el poder y seguir enriqueciéndose, que por el desarrollo del bienestar común. No recuerdo, desde el regreso a la democracia, a nadie que haya llegado al poder con un proyecto político real y que haya gobernado de acuerdo al mismo.

Dicho de otra forma, solo en campaña hemos escuchado hablar de proyectos políticos, o de gobierno, y todos, sin distinción, resultaron ser una gran farsa. En casi todos los casos se olvidaron del discurso de la campaña, y, también, en casi todos los casos, actuaron según sus intereses particulares, lejos de los del pueblo.

La inmensa mayoría se corrompió, tanto en una vereda como en la otra, sea por fortunas de dinero público, o por los beneficios del cargo, o por mera vanagloria. Ninguno tuvo un objetivo político para la sociedad que dijo querer gobernar, ni nunca le interesó tenerlo, o hacerlo, ya que nunca le interesó a alguno el destino de sus vecinos.

El objetivo de casi todos, a lo largo de las últimas décadas, fue siempre llegar y sostenerse, sea para robar y seguir robando, o para cobrar y seguir cobrando, o para posar y seguir posando. Eso sí es corrupción.

Por lo tanto, mientras los ciudadanos no nos demos cuenta de que hemos naturalizado todo esto, y de que, por ello, estamos condenados al fracaso como sociedad, todo seguirá igual. Debemos restaurar conceptos tan honorables, e indispensables para el crecimiento, como lo son la política y el gobernar, y eso solo será posible participando en ella, generando políticos con proyectos y con ganas de gobernar honorablemente para sus pueblos. Caso contrario, seremos protagonistas de nuestro propio apocalipsis.

Norman Robson para Gualeguay21