De acuerdo a una publicación del diario The Telegraph, la Argentina está entre los diez países con mayor cantidad de casos positivos, mientras que, al mismo tiempo, está al tope de las cuarentenas más largas, demostrando así el fracaso de la política aplicada. Pero, más allá de la politización que se haga de esto, lo cierto es que, en los territorios, los mariscales del fracaso fueron los intendentes. 

Luego de un mes del aislamiento dispuesto por el decreto presidencial, a fines de abril, desde la Presidencia de la Nación comenzaron a hablar de la recuperación de la economía a partir de una cuarentena administrada, y, con ese mensaje, la Argentina entró en la fase 2 y comenzó a liberar actividades. Pero en los territorios, salvo muy contadas excepciones, nadie lideró este proceso, sino que, muy por el contrario, delegaron la responsabilidad en los propios ciudadanos. 

De este modo, la ausencia de gobiernos territoriales a la altura de la situación, encabezados por figuras políticas sin capacidad, ni interés en sus ciudadanos, se convirtió en el denominador común, provocó que las ciudades quedaran libradas a su suerte, y que la fase 5 impuesta políticamente, en complicidad con la ausencia del Estado, fracasara.

Pasa que muy pocos gobiernos territoriales supieron gobernar la crisis, "administrar la cuarentena", lo cual no significaba esconder a la gente en sus casas, sino liderarlas en un cambio hacia nuevas costumbres, más sanitariamente seguras. Eso significaba que se pusieran al frente de los problemas, aplicando las medidas de ese cambio, e instruyendo y controlando su cumplimiento.

Lamentablemente, esa clase dirigente prefirió ausentarse de la crisis, excusarse políticamente, y culpar a sus propios gobernados por el desorden.

Así es que hoy llegamos a ésta situación de colapso, alcanzando índices que, por el tiempo que hubo para evitarla, podríamos haber evitado. Es innegable que la responsabilidad de esto recae en la clase política territorial, no en la nacional, ellos son los verdaderos mariscales de este colapso.

Dicho esto, hagamos política, aunque en nada podamos evitar el desastre.

Norman Robson para Gualeguay21