En la mañana de hoy lunes, en plena pandemia, los enfermeros entrerrianos volvieron a la calle en reclamo de lo que se les debe, que no es dinero ni ningún beneficio, sino un mínimo de dignidad en el marco laboral en que se desempeñan. Estos héroes de la lucha contra el virus, enarbolan hoy una consigna que habla por sí sola: "lo que no ves cuando me ves", en directa referencia a las condiciones laborales en que cumplen sus tareas. La ley que cambiaría eso descansa en un cajón desde 2017.

Pero esta no es una lucha nueva, para nada, sino que vienen reclamando desde fines de 2017, cuando se aprobó en la Camara de Diputados, fruto de intensas peleas gremiales, el proyecto de la Ley de Enfermería, autoría del controvertido diputado José Allende, sindicalista de UPCN, que prometía llevarle algo de justicia a la profesión.

Cabe recordar que aquel proyecto de ley apuntó, en su momento, a generar un marco ideal para el vínculo laboral entre el Estado provincial y los trabajadores de enfermería, reconociéndolos como profesionales, y regulando su ingreso, permanencia, promoción y egreso. Tan así era que, en su articulado, establece que debería "tenerse como objetivo primordial la eficiente prestación del servicio enfermería, el interés de los trabajadores, la reivindicación de los principios que rigen la profesión y su alto valor dentro del sistema de salud de la provincia de Entre Ríos".

Así fue que de ahí pasó al Senado, donde entendieron que el proyecto adolecía de "una impronta muy sindicalista", y se propusieron sendas "ideas para mejorarla", pero que nunca se formalizaron. Así pasaron 3 largos años de reclamos, en los que, a pesar de todas las declaraciones, la ley nunca fue mejorada y aún descansa en los cajones de la Honorable Cámara de Senadores.

En ese marco de indiferencia, casi rayano con el desprecio, este año explotó la crisis sanitaria del covid, sumiendo al sistema sanitario provincial en la emergencia y erigiendo a los enfermeros, junto con los médicos, como los verdaderos héroes en la lucha contra el virus, en la cual no bajan los brazos, a pesar de los sueldos por debajo del nivel de pobreza, de la falta de recursos propia del sistema público de salud, y del irrespeto oficial por su formación.

Gualeguay nunca fue ajena a esto, y desde el principio se ha sumado a todas las convocatorias de lucha. A las propias, a las provinciales e, incluso, a las nacionales, como el año pasado, cuando pretendieron arrebatarle el carácter profesional a la enfermería. Hoy no fue distinto. Salvo el distanciamiento, y el pedido de acompañamiento desde casa, el apoyo fue el de siempre. Gualeguay reconoce la labor y el compromiso de esos trabajadores de la salud, y así se lo hizo saber.

¿Si sirvió? Mirando para atrás y ya conociendo el paño político, seguramente no haya servido de mucho, ya que, mañana, si dudas, se escucharán cientos de excusas por las cuales se dilata esa ansiada ley. Pero, más allá de eso, debe haber servido para recordarle a la sociedad que a los políticos solo les interesa su bienestar y el de los suyos.

Norman Robson para Gualeguay21