La semana próxima se cumplirán 7 meses de aquellos primeros casos positivos por covid en Gualeguay. De aquellos casos importados, a hoy, pasaron 206 días, casi 30 semanas, casi 7 meses. Nunca en todo este tiempo las autoridades locales se preocuparon, ni se ocuparon, en evitar el ingreso del virus o su propagación, sino que libraron la ciudad a su suerte, y cargaron las responsabilidades en la propia gente. El resultado: más de 100 contagiados, 2 muertos, y el regreso al confinamiento y a la inactividad económica.

Hasta fines de agosto, las autoridades sanitarias y políticas, contra todo sentido común, proyectaban una realidad controlada, aunque quienes éramos testigos del descontrol imperante en la ciudad, y del tratamiento que le daban a los datos, comparado con lo que pasaba en otras ciudades, sospechábamos, con cierto grado ce certeza, que la realidad era otra muy diferente.

En septiembre, con los brotes en reparticiones públicas y la imposibilidad de disimularlos, la verdadera realidad comenzó a salir a la luz, y, a fines de ese mes, Gualeguay descubrió que el virus circulaba libremente, y, aunque no era reconocido, a Gualeguay ya le cabía la etiqueta de ciudad con circulación comunitaria. Y octubre empezó con los primeros muertos, y ninguno era enfermo terminal, sino gente que llevaba una vida normal. Mientras pasaba todo esto, en 3 de Febrero 80 se hablaba de carnaval.

Aunque no era una sorpresa, la gente se pregunta hoy qué fue lo que pasó, si le habían prometido no cerrar nunca la Costanera.

Pasó que nadie hizo lo que debería haber hecho, en especial las autoridades. A fines de marzo se advirtió a los municipios sobre la necesidad de controlar estrictamente los ingresos, mientras que a fines de abril se les recomendó la habilitación gradual de actividades bajo estrictos protocolos, cuyo cumplimento debía ser estrictamente controlado por las autoridades. De haberse cumplido con todo esto, hoy estaríamos sanitariamente protegidos y económicamente activos.

Un pequeño repaso por los meses de cuarentena nos permiten comprobar que nada de esto se hizo. La Municipalidad local recién reconoció la gravedad de la situación cuando dispuso los controles de ingreso, a los 45 días de iniciada la pandemia, y, así y todo, ni siquiera lo cumplió. Así como nunca cumplió con el control del tránsito de gente en la fase 1, tampoco se molestó en la implementación de protocolos en la fase 2, ni en disponer los controles necesarios para que se cumplieran después.

Es más. Cada medida tomada, con la complicidad del Comité de Crisis, se dispuso su aplicación 3, 4 y hasta 5 días después, demostrando así los grados de inconsciencia e irresponsabilidad con que se manejó la situación.

Por otra parte, las autoridades sanitarias, por un lado, disimularon con alevosía la realidad epidemiológica de Gualeguay, evitando realizar estudios donde ameritaba hacerlo, y evitando difundir los datos que alertarían sobre esta política, mientras que, por el otro lado, consintieron calladamente la actitud negligente de la Municipalidad en el control de la pandemia.

En definitiva, la negligencia de las autoridades políticas y sanitarias de Gualeguay, la complicidad de su Comité de Crisis, y la convivencia de la sociedad civil,  los primeros liberando la ciudad y sus actividades, los segundos consintiendo ésto y distorsionando la realidad, y los demás apañándolos, hoy nos llevan a tener que volver atrás, hoy a una fase 2 o 3, pero, seguramente, a fase 1 en el corto plazo, ya que ésta situación difícilmente se revierta porque sí en solo dos semanas.

De este modo, se tiró a la basura el esfuerzo realizado por toda una ciudad, el cual era el último para muchos. Sin exagerar, este retroceso significa, para muchos, su quiebra, el acabose de su actividad y su ingreso a un estado de emergencia. Algo que nunca preocupó a ninguna autoridad, ya que nunca dejaron de cobrar sus onerosos sueldos, ni vieron comprometida su situación personal.

Ahora bien, más allá de la preocupación que genera todo lo que pasó, asusta mucho más el futuro inmediato, ya que los antecedentes de la gestión Bogdan no permiten ilusionar a nadie con un gobierno que se haga cargo de la situación y haga de una vez por todas lo que debería haber hecho desde un principio: gobernar la cuarentena, trabajar en cumplimiento de sus deberes.

Es muy difícil imaginar a quien despreció la gravedad de la situación desde un principio gobernando, erigiéndose como autoridad, e imponiendo un orden que nos permita salir de esta situación y recuperarnos sanitaria y económicamente, así como es difícil imaginar a las autoridades sanitarias transparentando la situación sanitaria en toda su dimensión. Es muy difícil imaginarlos saliendo de su zona de confort para cumplir con su pueblo.

Lamentablemente, si la sociedad civil sigue siendo cómplice de estas autoridades, y sigue permitiendo toda esta negligencia, con las consecuencias que ésta significa para los gualeyos, el pronóstico es realmente incierto. Solo si interviene con responsabilidad, puede haber algún futuro.

Norman Robson para Gualeguay21