Este año no ha sido fácil. Nunca imaginamos vivir una pandemia, y nos sorprendió de repente esa noticia que venía de tan lejos. Muchos no creían que esto nos tocaría, pero un virus no pide permiso y de forma insolente nos mostraba la peor cara, llegando a cuanto lugar del planeta se le ocurría llegar. Fue ahí donde nos tocó cuidarnos, quedando encerrados por varios meses, meses que fueron eternos, los más duros de nuestra existencia.

Allí, presos, perdimos lo más valioso que puede tener un ser humano, que es la libertad, la libertad de ser libres, de caminar sin miedos, perdimos los abrazos, los besos, el tomarnos las manos, el encontrarnos y compartir. Un año en el que todos perdimos la alegría, la tranquilidad, la paz, en el que muchos enfermaron, muchos se recuperaron, pero muchos partieron. Tan cruel fue este virus que ni siquiera permitió despedir los seres queridos.

Nadie está preparado para dejar ir sin despedir. Duele y mucho, un año en que nos vemos envejecidos, tristes por haber perdido tanto, proyectos truncos, viajes, sueños. Somos más pobres, más niños con hambre, más viejos muriendo en soledad. Nada será igual, de eso no hay dudas, somos caminantes que buscan con desespero una salida a tanto duelo, poniendo las fuerzas que nos quedan para encontrar el camino a la libertad, esperanzados a un nuevo año que llega, y que no sabemos que nos deparará.

Pero de algo estamos convencidos: que el presente, con respeto le decimos, te dejamos ir, ya cumpliste tu tiempo, y aunque parezca increíble, muchos hemos aprendido, aun en el dolor, en la pérdida, a crecer como personas, porque no sirve pelear sin tener herramientas para hacerlo. Hay quienes nada les importa, pero sin dudas, estamos quienes creemos que esto pronto pasará, donde podamos ver nuestros hijos, nietos, sobrinos, nuestros amigos, crecer en libertad, volver a estrechar manos, abrazos suspendidos en el tiempo, esos viejos que nos necesitan y nos esperan, mesas vacías queremos llenar con brindis de vida, bullicios de niños, corretear. Si pudiera pedir deseos, sin duda, serían los mismos que la humanidad, salud, paz, amor, trabajo y libertad, sanación mundial, e ir a dormir con la esperanza de que todo esto que deseo se haga realidad

Sin duda, quienes tenemos que ser diferentes somos nosotros, no el nuevo año que llega, él solo marcará el tiempo donde debemos transitar, debemos crecer, madurar, aceptar, ser respetuosos, solidarios, empáticos, comprendiendo que no hay mayor satisfacción que ser mejores cada día.

Manuel Cichero, jubilado estatal con 32 años de servicio en la salud pública.