El balance que se puede realizar del 2020 es bastante positivo, teniendo en cuenta qué hemos atravesado un año complejo, un año que nadie tenía previsto pasar, un año de incertidumbre, un año donde no se podían definir los procedimientos a seguir en virtud de qué todos los días había que tomar decisiones distintas. Pero, más allá de eso, lo que preocupa es que el sistema actual no es sustentable en el tiempo.

El 2020 fue un año donde, mientras todas las reparticiones públicas estaban cerradas, el Iosper estaba abierto garantizando la prestación del servicio, aunque trabajando con casi el 30 porciento de los empleados. Todo esto, por supuesto, trajo complicaciones que, gracias a Dios, se pudieron resolver, pero que, al estar atravesando situaciones inesperadas, impensadas, trajeron aparejados los lógicos reclamos de los afiliados.

Por ejemplo, el tema de los turnos para la atención fue una problemática a resolver para garantizar el servicio. Cuando el Estado Nacional dispuso el aislamiento obligatorio, nosotros debimos resolver las grandes colas que se producían frente a las delegaciones. 

Así y todo, y aunque en el mes de abril se haya sentido una importante merma en las prestaciones, de ahí en más se siguió trabajando con normalidad, tal es así que cerramos el año con, prácticamente, la misma cantidad de prestaciones que veníamos teniendo años anteriores.

Ahora bien, si el Iosper tuviese los recursos que le corresponden, podríamos hablar de un equilibrio moderado. Esto significa que los recursos que ingresen alcancen para cubrir las prestaciones. Pero tenemos una gran dificultad al afrontar las coberturas en un 100% en patologías agregadas pero sin el correspondiente financiamiento.

Es decir que, a partir de aquellas leyes especiales que exigen y obligan a la obra social a cubrir totalmente patologías como obesidad, cambio sexual, discapacidad, diabetes, transplantes, y, ahora, aborto, pero sin que se sumen recursos al presupuesto, genera un desfasaje que, tarde o temprano, provocará el colapso de la prestadora.

Para tener una idea cabal de la situación, sepamos que el Iosper opera con un presupuesto para sus 300 mil afiliados y, de ese dinero, el 51 porciento se destina a solo 17.365 afiliados, mientras que el restante 49 porciento se destina a los casi 280 mil afiliados. Se trata de que muchos recursos recaen en pocos afiliados sin incrementar el presupuesto. Por ejemplo, el Iosper tiene, en solo cinco afiliados, una inversión de 2,5 millones de dólares al año. Esto es lo que nos preocupa, ya que el sistema tiende a colapsar en el mediano o largo plazo si no se toman algunas políticas, con algunas medidas de fondo, como para corregir y preservar el sistema.

Esto es lo que hablo con todos los prestadores, porque, en realidad, son los que deben estar preocupado todos los días, porque son los que viven del sistema de salud. Parte del desafío para el 2021 es generar el debate para que todos los involucrados discutamos de qué manera podemos preservar el sistema de salud de forma sustentable.

La otra parte del desafío es, en este contexto que nos tocó vivir, mantener y mejorar en lo posible todas las prestaciones, lidiando con todos los conflictos que surjan en defensa de los intereses de nuestros afiliados.

Fernando Cañete, Presidente del Directorio del Instituto de Obra Social de Entre Ríos, Iosper