Jamás imaginé que el número de un año podía titular una nota. Mucho menos, que ese número, podía por sí mismo, generar miles de textos. Creo no errarle, si digo que, por muchas generaciones, la sola mención de esos cuatro dígitos, hablarán por si solos.

Arrancamos un año, donde, al mejor estilo argento, los memes de Macri y Alberto, se mimetizaban con los de chinos comiendo murciélagos. Como siempre, y algo reconocido por mis amigos uruguayos, los argentinos tenemos esa extraña particularidad de reírnos de nosotros mismos, salvo que alguien de afuera haga los mismos chistes, ahí si cambiamos de vereda y nos mostramos ofendidos como si pisotearan la soberanía.

No es fácil hacer un análisis de este año, es difícil extrapolar las diferentes variables que han influido en nuestro país los últimos meses. ¿Cómo hablar de la pandemia sin tocar el tema económico? ¿Cómo hablar de lo económicos, sin tocar el tema de la pandemia? Es más, el debate en las redes sociales, la moderna charla de café a la cual nos hemos ido acostumbrando quienes ya peinamos canas, pasa por la famosa pregunta “¿primero el huevo o la gallina?” 

La pandemia es real, aquel que la niega, debería replantearse un montón de cosas, podremos estar o no de acuerdo con las medidas tomadas en los diferentes niveles del Estado, pero es innegable que existe, ¿o acaso creemos en serio que es un invento de Bill Gates para ponernos un chip con la vacuna y saber a qué hora vamos al baño o desayunamos cada día?

Lo que también es innegable, obviamente desde mi opinión, el uso político del COVID-19 que se ha hecho, no solo en Argentina, por oficialismos y oposiciones partidarias.  Uno pudo leer debates en redes y medios de EEUU, Uruguay o Brasil, por citar solo ejemplos, donde de uno y otro lado, se endilgaban responsabilidades y críticas en posibles políticas para combatir la propagación del virus.

En nuestro país, lugar donde los políticos suelen, al modo ninja, tirar bombas de humo para tapar o hacer desaparecer algún otro problema, nos emocionábamos hasta las lágrimas, viendo a dirigentes de diferentes partidos unidos en conferencias de prensa, comunicados conjuntos, gobernadores uno al lado del otro sin distinguir color partidario, pero sabíamos que no iba a durar mucho y así fue. A la par del crecimiento de contagios y muertes, crecía la deuda social, con una megadevaluación, la cual continuaba a la que habíamos sufrido en agosto del 2019 luego de las PASO, se mostraba con orgullo el crecimiento de beneficiarios de la AUH e IFE, algo que hemos leído o escuchado otras veces y que en vez de darnos orgullo por un “Estado presente” nos debería dar un poco de vergüenza por ”políticas laborales ausentes”.

Así se fue desarrollando el año, con políticas erráticas desde el gobierno, un Ministro de salud que no acertaba con una declaración y uno de economía que la remaba en dulce de leche. Por otro lado, una oposición carente de ideas, aun herida por la derrota electoral, producto más por su falta de respuestas en cuatro años que por los aciertos de quienes hoy gobiernan, se debate en posibles sucesiones al trono perdido hace casi un año.

No nos fue fácil, como comunicadores sociales, trasladar los hechos a lo digital, al papel, al éter radial o una imagen televisiva, nunca “interpretábamos” lo que quería decir el mensaje de la dirigencia política, éramos los responsables de todos los males del país, acusados por los miles de comentadores seriales de las redes, azuzados por una dirigencia, que no solo no acierta con las políticas, sino que cuando logra hacerlo, no sabe comunicarlas.

Este ha sido un breve resumen del año, atrás quedaron los aplausos al personal de salud que nos arrancaban lágrimas, los enojos por el encierro cuando no había casos y ahora enojados por la liberación cuando si los hay, tratando una y otra vez de proyectar las culpas, como buenos argentinos, al gobierno o a la sociedad, olvidándonos, que nosotros elegimos nuestros gobernantes y formamos parte de esta sociedad que tanto señalamos.

Mientras tanto, gran parte del país tiene la mente en el próximo Boca-River, sin darnos cuenta, que hemos convertido, desde hace tiempo, a nuestra patria en un clásico descarnado que nada tiene que envidiarle al que se viene.

Eugenio Jacquemain, docente, gremialista y periodista de Gualeguaychú