En unas horas termina el 2020 y aún no hice la lista de positivos, negativos y pendientes del año que se va, ni la de proyectos para el que viene. Hace un tiempo mi terapeuta me dijo que no concretaba muchas cosas porque una vez plasmado en el papel quedaba ahi y de algún modo lo sacaba de mi mente como si fuese una actividad tildada. Soy experta en listas, expertísima y no hice la de éste año ni la del año que entra. ¡Tan atípico todo! (que trillado resultó ese adjetivo el último tiempo).

No hice listas, no tuve ganas, siento que aún vivimos dentro de una pelicula de esas de Capusotto, o algo así, donde procesiones de pobladores, como enajenados, marchan atrás de un trombón y esos bombos murgueros aplaudiendo no se sabe qué: bizarro, raro, gracioso a veces, si no fuese tan triste. Triste, eso es, y mirá que le puse onda y energía al encierro de los primeros tiempos para animar al niño sin clases, sin amigos, sin familia, mirando por la ventana la manada de emprendedores que surgían para rebuscarse un mango, mientras el Ministro de "va a tardar en llegar" y de " tomate algo caliente" se reunía, vaya uno a saber para qué, y decidian con el presidente otro mes más adentro, mientras no equipaban nada los hospitales, ni llamaban profesionales especializados, ni les pagaban a los médicos lo que correspondía, ni nada. 

Triste, porque hicieron tanto daño en su no saber qué hacer, pero tenemos ministerio, pero hay que garantizar la impunidad de Cristina Elisabeth, y entonces son muchos frentes, y el único descubierto fué y es el de la gente.

Triste, me pongo triste de pensar en los viejos encerrados y abandonados a su suerte con jubilaciones de hambre que no les alcanzan para los remedios, y que, sin pudor, encima, ajustan y aplauden. ¡Aplauden los legisladores del pueblo! Y Victor Hugo te relata cómo despega un avión, barrilete cósmico y cuna de conchabos militantes, a buscar unas vacunas que los funcionarios se ponen de mentiritas, que no se sabe muy bien que onda, que Putín dice que no se puede aplicar a los mayores, y otra vez los viejos desprotegidos y lastimados... no tienen alma. La ficción de Bioy Casares ya no parece tan loca. 

El asado nacional y popular, la heladera llena, Macri gato, el cemento no se come, las toneladas de piedras al congreso, subió el dolar, la derecha neoliberal, duermen en el olvido de las militancias, sus votantes, los gremios, el gobierno, la sociedad anestesiada y alguna oposición placebo timorata, calladita, expectante y especuladora de un votito más o menos. 

Por suerte aún quedan valientes, por suerte aún quedan voces, por suerte hay quienes no se callan y dan la batalla a pesar de NODIO, a pesar de aprietes, a pesar del pesar, porque pesa el retroceso en tan poco tiempo. Un año triste.

No hay mucho para la lista, la inflación se llevó hasta las ganas. Por suerte somos argentinos, y a los argentinos no nos gusta estar tristes, mejor barrer el polvo abajo de la alfombra y celebrar, celebrar que empieza un nuevo año, que muchos nos hemos podido reencontrar, y que capaz nos podemos tomar en serio el asunto de hacer listas de proyectos y cumplirlos, y que a fin de año el haber le gane al debe y que la murga atrás del trombón se despierte y no se deje más, que no se deje más.

Marina Petroff, Vicepresidente del Comité Departamental de la Unión Cívica Radical