Anoche comenzó este toque de queda versión democrática y florecieron los mismos vicios de siempre, castigando a inocentes por pecadores. La fácil sigue imponiéndose por sobre la necesaria, a pesar de la gravedad de la situación.

A sabiendas de que allí no está el problema, media hora antes de lo estipulado en los decretos, se vio a la policía en los locales gastronómicos apurando su cierre, pero no se supo de intervención alguna en ningún encuentro juvenil, los cuales, claro está, no se hacen en el centro.

Aunque es ya de público conocimiento que la explosión de casos se originó entre los jóvenes a partir de encuentros clandestinos donde no se cumple ninguna de las normas de prevención de contagio, y no en la gastronomía, ni en el turismo, donde sí se cumplen, y que, para atacar esta situación, el Gobierno impulsó este toque de queda, en la práctica, la política aplicada no cambia.

Las autoridades parecen no entender, o no querer entender, que ésta situación exige que se pongan a trabajar, ya que los decretos, con las medidas que sean, no solucionan nada por sí solos.

El problema está en los amontonamientos juveniles clandestinos, y no en los encuentros civilizados y abiertos de la gente bajo estrictos protocolos. La solución pasa por buscar y encontrar a los jóvenes amontonados, no por perseguir a la gente común que se tomó un merecido momento de esparcimiento. 

Son tiempos difíciles en que debemos cuidar la salud sin afectar la actividad económica, pero eso se hace muy difícil cuando las autoridades eluden, o evitan, hacer lo que deben hacer y es imperativo que hagan urgente.

Si en esta situación, la Policía y el Municipio no se ponen a trabajar en conjunto, sin mezquindades, para resolver el problema rápidamente, nos va a ir muy mal.

Norman Robson para Gualeguay21