Buenos Aires, calle Diagonal Sur, 1935. Los tranvías van y vienen por el flamante empedrado, mintras multitudes de porteños se abocan a sus tareas. Una cuadrilla de operarios municipales está por ejecutar la demolición de una vieja pensión. Uno de los que allí viven, un viejo vendedor ambulante, habla con el capataz y le pide unos días para que los que allí viven puedan irse a algún otro lugar. El municipal ordena la retirada hasta nuevo aviso.

Lo que sorprende a todos es que ese hombre mayor y pobre, vendedor callejero de anilinas que carga en una valija de cuero, siempre en su viejo pero impecable traje gris, es el ex Vicepresidente de la Nación Argentina, Elpidio González. Se trata de un rosarino nacido en 1875 que, a pesar de ser un prestigioso político radical, ex diputado y ministro de Yrigoyen, y ex vice de Alvear de 1922 a 1928, debe trabajar para vivir, pues nunca tuvo tiempo de dedicarse a su profesión de abogado.

Al enterarse el presidente, Agustín P. Justo, de que Elpidio vive en la pobreza, se siente responsable de que la Patria olvide a quienes por ella lo dieron todo, y le manda un sobre con plata. Al recibirlo, la ayuda es rotundamente rechazado por el hombre, quien prefiere la dignidad de seguir vendiendo pomadas de tintura por la calle.

Esta situación inspira la creación de las jubilaciones de privilegio para los ex Presidentes de la Nación y sus Vices. Pero cuando el hombre recibe su pensión mensual de dos mil pesos, al igual que antes, la rechaza enérgicamente. "Mientras tenga dos manos para trabajar, no necesitaré limosnas", dice, y sigue vendiendo sus anilinas por la calle.

Buenos Aires, 1951. Elpidio, ya de 76 años, luego de una compleja operación, y seis meses de internación, muere en completa soledad y pobreza, pero íntegro. Él es el último en rechazar una jubilación de privilegio, un derecho otorgado por una ley en él inspirada.

Argentina, 2021. Las jubilaciones de privilegio son asignaciones vitalicias que significan al Estado unos 20 mil millones de pesos anuales, y alcanzan a cientos de ex funcionarios públicos, aunque hayan ejercido solo por unos días, con montos que pueden equivaler a unas 20 jubilaciones normales.

La vida de dignidad e integridad de Elpidio González no es muy conocida, tal vez sea porque a la historia le da vergüenza recordarlo.

Norman Robson para Gualeguay21