Sin lugar a dudas, a la hora de gobernar la pandemia han quedado expuestas y desnudas las costumbres más corruptas de los gobiernos. Tampoco hay dudas sobre que la cuarentena, y las medidas siguientes, al afecta a algunas actividades, también afectaron los negocios particulares de algunos políticos en el poder. Pero, se la venían aguantando bien. Hasta hoy, que abrieron los casinos, específicamente prohibidos en el DNU presidencial vigente, y dejaron claro que la timba tiene coronita.

El pasado día miércoles, a través de una sorpresiva resolución, el Gobierno de Entre Ríos se burló de la decisión presidencial, mandó a abrir los casinos, y, para disimular la burla, los casinos de la provincia dejaron de ser casinos y pasaron a llamarse salas de entretenimiento. El artículo 1° de la resolución del Ministerio la Producción N° 1505, del 16 de junio, así lo decide: "Autorícese la realización de actividades en las salas de entretenimiento en todo el territorio provincial".

De ese modo, los casinos entrerrianos abrieron hoy sus puertas al público, indiferentes a lo dispuesto en el Decreto de Necesidad y Urgencia N° 287, hoy vigente. En el inciso d) del artículo 16 del título V de este DNU, entre las normas aplicables a localidades de alto riesgo epidemiológico y sanitario, como Gualeguay, dice claramente que las actividades de "casinos, bingos, discotecas y salones de fiestas" quedan suspendidas.

A la vista está la alevosidad de la maniobra con que convirtieron, en un abrir de ojos, todos los casinos entrerrianos en salas de entretenimiento, aunque el comportamiento del virus sería tan peligroso en unos como en las otras, ya que, en la realidad, nada cambió.

Si bien nadie dio explicaciones creíbles sobre esta sorpresiva disposición, ahondando un poco en esa actividad y en quienes la regentean, se puede tener una idea sobre lo que puede haber ocurrido. Basta recordar que el equipamiento de todos los casinos, ahora bautizados "salas de entretenimiento", está concesionado, en exclusividad, a la empresa privada Newtronic, a partir de un controvertido convenio de 2007. Dicho de otra forma, aquella vez la Provincia le entregó a una sola empresa, sin licitación previa de ningún tipo, el multimillonario negocio de la timba. Un error que difícilmente haya sido sin querer.

De este modo, más allá de las rebuscadas excusas que puede llegar a esgrimir el gobierno, imaginar la inmensa ganancia que dejó de ser compartida entre los socios del negocio de la timba a raíz de la pandemia, basta para tener una idea de las millones de razones que pueden haber motivado semejante burla.

¿Alevoso? No. En este país ya nada es alevoso. Por estos pagos, cualquiera borra con el codo lo que escribió con la mano, y cualquiera da vuelta la realidad de acuerdo a como le rinda mejor, y, lo que es peor, nadie dice nada. Tan es así que un par de funcionarios políticos convirtieron un casino lleno de paños y maquinitas en un inocente e inofensivo salón de entretenimiento. 

La timba tiene coronita, sin importar quiénes o cuántos se contagien. Clink caja.

Norman Robson para Gualeguay21