La foto muestra un flamante semáforo ordenando el tráfico de una intransitable y, lógicamente, desierta, calle de tierra. Si bien es cierto que se trata del cruce con una ruta asfaltada, el distribuidor en esa arteria desolada sigue siendo innecesario, ostentoso, exagerado y ridículo. Esta realidad, difícil de encontrar en otra ciudad, por más rica que esa sea, delata la ausencia de rumbo, de un plan, de un sentido, y, lo que es más grave, desnuda el desinterés de sus autoridades por tenerlo.

Sin lugar a dudas, una imagen vale más que mil palabras, pero esta en particular dice muchísimo más, pues ese aparato no llegó allí solo, o por casualidad, sino que atravesó un largo proceso de decisiones burocráticas respondiendo a alguna demanda, caprichos o no, de ordenamiento. O sea que alguien vio allí una necesidad y otro la convalidó, alguien avaló el lugar, otro aprobó el equipo, y otro dispuso la inversión, alguien ordenó la compra y la instalación, y otro compró el aparato y lo instaló.

Tampoco es que se trató de una operación de semáforos a granel, ni una oportunidad de inversión, ni que ya no quedaban esquinas en las que es preciso ordenar el tránsito. No. Apenas unos pocos equipos y muchas esquinas más críticas que ésta de Av Illia y ruta 11, donde un semáforo de 3 tiempos podría haber bastado. Acá el problema es que en toda esta extensa cadena operativa nadie cuestionó el carácter innecesario de destinar recursos públicos en ese lugar. Es más, hasta puede haberles resultado divertido.

Ahora bien, lo que más puede indignar de esta foto es que la ciudad de Gualeguay tuvo la suerte de ser beneficiada con dos planes estratégicos, uno en tiempos de Héctor Jaime, en el 2000, y otro en tiempos de Luis Erro, en el 2008. Desde entonces, y durante toda la gestión de este último, quienes hoy están en el poder reclamaron airadamente por la consideración de estos planes para el trazado de políticas públicas que conformaran la agenda de la gestión. Hoy, todos ellos desde hace 6 años en el poder, la ciudad sigue a la deriva, sin proyecto, sin plan, sin agenda, sin rumbo.

Norman Robson para Gualeguay21