Un día, hace más de cien años atrás, el flaco Tagore nos dijo: "Dormía y soñaba que la vida era alegría, desperté y vi que la vida era servicio, serví y vi que el servicio era alegría...". Barbilargo y envuelto en linos, el flaco sintetizó así la clave del progreso en comunidad, el objeto de la política en toda la dimensión de su esencia, pues solo puede darnos una alegría genuina servirle al mundo, a la especie, pues solo puede hacernos felices ser útil a la vida en su más amplia concepción.

Conocí su mensaje cuando era chico, estaba escrito en letras cursivas sobre un póster de fondo azul, en la pieza de una prima, en Rosario, y, desde entonces, cada vez lo recuerdo con más frecuencia. Pero este mensaje adquiere relevancia cuando sabemos quien era el flaco Tagore. Rabindranath Tagore nació en Calcuta cien años antes que yo, en 1861, y fue el último de catorce hermanos, en el seno de una familia de ilustrados, en una comunidad de ilustres.

El flaco estudió en Brighton y en Londres, y después se puso a escribir. Escribió tanto que fue el primero de afuera de Europa en recibir el Nobel, y, gracias a eso, se convirtió en la voz de Oriente. Pero el flaco también pensaba, y, desde esa posición, con un pensamiento político muy particular e independiente, empezó a contar su visión del mundo, ganando así muchos amigos y muchos enemigos alrededor del globo. Personajes como el propio Gandhi, Albert Einstein, Thomas Mann y Bernard Shaw fueron sus amigos. En 1924 anduvo por estos pagos, donde se hizo amigo de Victoria Ocampo. Todo un capo el flaco Tagore.

Hoy, cincuenta años después de descubrir al flaco en aquel póster, encuentro en su mensaje mucha inspiración. En especial en estos momentos que vivimos. Lo que el flaco nos dejó dicho es que solo sirviendo seremos felices, entendiendo por servicio esa entrega a lo común, ese interés incondicional en todo lo que compartimos, y entendiendo por felicidad la plena realización individual.

O sea que el flaco nos avisó, dos siglos atrás, que solo creceremos cuidando y potenciando todo lo que compartimos, y solo así lograremos sentirnos plenamente satisfechos con nosotros mismos.

En estos tiempos de exacerbados egoísmos y necios individualismos, en los que imperan los derechos individuales por sobre los deberes y responsabilidades comunes, y en los que abundan las miserias y mezquindades humanas, el mensaje del flaco inspira a revisar posiciones y replantear estrategias de acuerdo a la nueva realidad común que nos toca en suerte. Una realidad en donde eso común es zona ciega, tierra de nadie librada a la buena de Dios, degradada tanto por las abusivas conductas individuales como por la ausencia del sentido de comunidad.

Este año que comienza ese es el desafío: rescatar y restaurar esa olvidada o postergada realidad común, reconstruirla, lo cual solo podremos hacer reforzando o redimencionando nuestra participación, y, solo a partir de esta, lograremos reparar y potenciar nuestra realidad individual. Nunca podremos arreglar la propia sin arreglar la común. Nuestras actividades individuales, sean productivas, comerciales, sociales o culturales solo las podremos desarrollar y potenciar en un escenario restaurado de forma tal que así lo propicie.

Por todo esto, hago propias las palabras del flaco Tagore, y voto porque en este tiempo que viene, soñemos todos con una vida de alegría, y, cuando despertemos, entre todos hagámosla realidad sirviendo.

Norman Robson para Gualeguay21