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Le escribo a usted, qué está tan cómodo y distendido en su despacho, lejos y distante de los múltiples problemas que aquejan y agobian al ciudadano común, para ponerlo al tanto de algunos detalles que quizás, en su tan "absorbente" tarea, se le pasaron por alto. Detalles como cuáles son sus funciones, cuáles sus deberes, y cuáles sus responsabilidades, los que, de ser cumplidos, nos ayudaría a los periodistas a publicar las buenas noticias que tanto usted reclama. El ánimo de esta respuesta es intentar que usted no se convierta en otro más en la larga y funesta lista de nefastos funcionarios que nos han llevado a esta realidad que a usted le disgusta escuchar y a nosotros nos angustia informar.

Cabe recordarle que, por ser funcionario, usted, al igual que sus pares dentro de la gestión, no llegaron al cargo elegidos por el pueblo, ni por algún concurso calificativo, sino que fue bendecido por el dedo índice de alguien con poder. De una u otra manera, en sus manos, capaces o no, cayó la confianza del pueblo, y en honor a esa confianza, usted se debe a ese pueblo, y no al revés.

Por otro lado, le pido que no entienda esta respuesta como un ataque de alguien creído de superioridad moral, sino de alguien común, que debe trabajar para vivir, que debe ser honesto para que su producto sea creíble, y que, por todo eso, nunca pudo caer en la arrogancia, ni en la soberbia. Apenas alguien que quiere aportar su granito de arena a un futuro mejor para su comunidad, un futuro que, nos guste o no, para bien o para mal, hoy está en sus manos.

Igualmente, descuento que, luego de su lectura a esta respuesta, usted, tal cual nos tiene acostumbrados, y en honor a sus dones políticos, sabrá vertir tan elocuentes como convincentes excusas, las que lo exonerarán de cualquier responsabilidad, y, donde se le acaben las excusas, sabrá, sabiamente, echar las culpas que encuentre a quienes tenga a mano, tal como frecuentemente lo hace con el periodismo.

Vayamos al grano. Por ejemplo, quiero recordarle que la función de los funcionarios, valga la redundancia, es gobernar. O sea, cada uno, desde su área de competencia, tiene la función de contribuir al orden de la convivencia en su territorio, a la administración de los recursos de ese territorio, y al impulso del desarrollo integral y general de ese mismo territorio. Es oportuno recordarle que se trata de un servicio en beneficio del interés común de todos los ciudadanos, y no del interés individual de algunos. Bajo ningún punto de vista, la función de un funcionario es preocuparse y ocuparse de su proyección política personal, o partidaria, o de un grupo de amigos reunidos detrás de un poder, y, mucho menos, poner la estructura pública al servicio de esos intereses.

Es oportuno recordarle, también, que no solo es corrupto el que toma dinero público para su bolsillo, sino que lo es, también, aquel que acepta cumplir una función, cobra por cumplirla, y no la cumple con todo lo que ese cargo demanda: trabajo y compromiso, ambos por igual, pues uno no sirve sin el otro. De igual modo, tanto en el caso del que roba como en el del que no cumple, el pueblo pierde en favor de alguien que se beneficia. Esta realidad también debe ser señalada por quienes nos comprometimos con los ciudadanos a hacerles saber lo que pasa, aunque a usted le parezcan malas noticias, exageradas por el periodismo.

Respecto de sus deberes, vale recordarle que éstos son para con los ciudadanos, cumpliendo, y haciendo cumplir, al pie de la letra, lo que establece la organizidad del gobierno del que por un tiempo es parte, con un único objetivo: el beneficio de la ciudadanía. O sea que sus deberes son cumplir con sus funciones. Sus deberes no son, de ninguna manera, consolidar o defender una gestión o un color político, hacerlo sería incumplir con sus deberes de funcionario público. Esto también sería corrupción, y también debemos señalarlo los periodistas, aunque nuestras noticias sean antipáticas.

Por otro lado, en lo que se refiere a sus responsabilidades, éstas son las mismas que las del gobierno al que pertenece, y van más allá de las jurisdicciones del sistema. La ciudadanía, a través de su voto, les encomendó el gobierno de todo el territorio, no de la parte que les conviene, que les es cómoda, o, simplemente, que les resulta fácil. En esto no caben las excusas, ni las culpas. Todo lo público que afecte el bienestar de la ciudadanía es de su responsabilidad, aunque ello dependa de una cartera provincial.

Por ejemplo, si el Gobierno Provincial no cumpliera con su obligación de remitirle a su gobierno local el dinero de la coparticipación, con el que financia gran parte de sus actividades, seguramente, la gestión adoptaría medidas extremas, hasta que cumplan. Como también es obligación del Gobierno Provincial brindarle a la ciudad los servicios de seguridad, justicia, educación, salud, etcétera, ante cualquier carencia en estos, la gestión debería interceder para que así se cumplan y, caso contrario, adoptar las mismas medidas, pero nunca desentenderse, mirando para otro lado y lavándose las manos, menos cuando esa indiferencia cuesta vidas inocentes.

Tal vez esto, técnicamente, no sea corrupción, pero debería serlo, ya que afecta a la ciudadanía en detrimento de su bienestar presente y futuro. No será corrupción, pero sí es un fraude, una traición a la confianza depositada en la gestión por el pueblo. Por tal motivo, esto también debemos señalarlo los periodistas.

Por último, todo esto de sus funciones, de sus deberes, y de sus responsabilidades, puede ser sintetizado en el compromiso y el respeto que debe profesar un funcionario. El compromiso con la tarea que, indirectamente, le confiaron sus gobernados: la de proceder siempre en beneficio de todos, y el respeto por todos aquellos que, desde lo privado o lo institucional, luchan, sin sacrificar su integridad, por un mejor porvenir para la ciudad. 

En lo particular, aprovecho para recordarle el respeto que merecemos quienes cumplimos con el rol de informar, de comunicar, de tratar de que el pueblo sepa de qué se trata, y qué es lo que pasa. Ese respeto que los funcionarios como usted  violentan cuando nos hacen culpables de dar solo malas noticias. Ese respeto que violentan cuando insinúan que servimos a alguna mano negra, o cuando pretenden "adornarnos" para comprar nuestro silencio o nuestra mentira.

Usted, como funcionario de paso que llegó al cargo por simpático, y que cobra con nuestros impuestos, nos debe a quienes no priorizamos nuestros intereses particulares por sobre nuestro rol de comunicar la verdad, el mayor de los respetos. Del mismo modo, tampoco debe olvidar usted que nosotros, los periodistas, no somos culpables de sus errores, ni de sus incompetencias, ni de sus deslealtades, ni merecemos ser culpados en sus discursos porque temen desnudar sus miserias ante el mundo.

Si usted, y quienes lo acompañan al frente del gobierno local, hicieran a un lado la arrogancia y la soberbia con que se manejan, para comprometerse con su ciudad y su gente, abocándose de lleno a cumplir estrictamente con su rol, tal vez, solo tal vez, podrían mejorar esta realidad tan triste y complicada que nos aqueja y agobia, y que tanto les molesta que demos a conocer.

En otras palabras, si usted pide, o exige, buenas noticias, porque hace mucho que no las hay, póngase a trabajar para la ciudadanía, y verá, como después de tanto tiempo, vuelven a aparecer esas noticias que tanto extraña. Nosotros no podemos fabricarlas y venderlas, pues la gente no es estúpida, como a veces ustedes creen, y ya no las compra.

Sin más, con la esperanza de que usted pueda comprender el ánimo constructivo de esta respuesta, que pueda reconocer lo importante que son su trabajo y su compromiso, y que pueda aceptar que no solo usted quiere buenas noticias, lo saludo respetuosamente.

Norman Robson para Gualeguay21