Es una costumbre muy criolla que a los ciudadanos se nos esconda la realidad con muchos tecnicismos, al cabo de lo cual siempre terminamos conformándonos con lo que nos cuentan. El caso de la Procuradora Adjunta Cecilia Goyeneche, erigida Fiscal Anticorrupción a dedo, es solo otro más, detrás del cual está la realidad de una puja de variados intereses que no tendrían mucho que ver con la justicia, sino, más bien, con el poder político y sus ambiciones particulares y sectoriales. Comparar esta foto actual de la justicia entrerriana con toda la película que la precede puede arrojar algo de luz sobre qué podría haber detrás de todo esto.

Veo el caso de la fiscal Goyeneche como una foto, en la cual la funcionaria es destituida en un jury por una horda de interesados en apartarla de su camino. La fiscal viene de condenar a uno de los intocables, y eso, en este país, no se hace. La excusa son irregularidades en su desempeño como fiscal. Irregularidades que podrían significar un reto pero no un escándalo de estas dimensiones. 

Como es costumbre, a partir de esto, unos la defendieron como heroína de la justicia en la lucha contra la corrupción, y otros la atacaron por haber deshonrado y maltratado la justicia, la república y la democracia. Como siempre, unos en favor del medio vaso lleno y otros en favor del vaso medio vacío. Ganó el segundo grupo de hipócritas: la funcionaria fue destituida.

En esta foto se puede apreciar a muchos personajes del poder, a uno y otro lado de la escena. Unos a favor de la guillotina, alentando al verdugo, y otros en contra, tratando de evitar el degüello. Pero no se lo ve, por ningún lado, a quien, a su antojo, designó a Goyeneche como Fiscal Anticorrupción. No está en la escena.

Ahora bien, dejemos a un lado la foto y miremos la película completa, sin ser grandes conocedores, sino como meros espectadores.

Esta pieza de cine comenzó en el año 2008 con el artículo 208 de la entonces flamante Constitución Provincial, el cual prometió: "Un Fiscal del Ministerio Público, con competencia en el territorio de la Provincia, tendrá a su cargo, la investigación y acusación de los hechos de corrupción y otros delitos contra la administración pública", y aseguró que "su titular y demás integrantes serán fiscales designados con intervención del Consejo de la Magistratura". Por último, ese artículo afirmó que "la Procuración General asegurará los medios, el apoyo tecnológico, la continuidad y estabilidad, para el cumplimiento de su cometido".

A partir de ese artículo, el poder político entrerriano se comprometió a luchar contra la corrupción, pero aquello solo fue una emotiva y efusiva manifestación democrática "para la gilada", ya que, en toda la obra, vimos que nunca nadie quiso formalizarla, y quedó como el recuerdo de una linda y simpática hipocresía.

Así fue que, a lo largo de la película, también vimos que la justicia fue siempre manipulada por el poder político, gracias a la implementación del nuevo Código Procesal Penal y al nombramiento arbitrario de fiscales. Vimos que, gracias al nuevo Código, el fiscal concentró todo el poder sobre el proceso penal, ya que es quien arma y desarma las causas para que el juez solo condene o exonere, y vimos que, gracias al nombramiento de fiscales a dedo, el Procurador General, jefe de todos los fiscales, tiene entre sus manos la vida política de todos los políticos corruptos. Digamos casi todos los políticos entrerrianos.

Es más, a lo largo de toda la película, a pesar de todo ese poder, vimos que la Procuraduría General nunca se metió con los gobernadores. Ni con Busti, ni con Urribarri, ni con Bordet, aunque sus gestiones no se destacaron por la honradez. Tampoco metió preso a nadie. Ni a Rossi, de Santa Elena; ni a Allende, por millones de diferencia; ni a Erro, luego de múltiples causas; ni a Rodriguez, por los desvíos de Vialidad; ni a Baez, por las propagandas; ni al otro Rossi, por liberar a Wagner. A nadie. Es más, Urribarri festejó el 25 de mayo en Israel, aún con "la nuestra".

También vimos que, en la obra, la Procuraduría General no dudó nunca en atacar o perseguir a quienes enfrentaban el poder, como los policías de Concordia, o como el Escribano Mayor, o como los integrantes de algún sector político opositor. Atacó y persiguió sin importar el daño colateral que ocasionara a inocentes.

Esta película de más de 15 años también nos mostró varios escándalos, como el de las cosechadoras, o el del jardinero K, o el del narcochófer, solo por nombrar algunos, mientras que siempre fue un secreto a voces el desarrollo de los narconegocios. ¿Alguien preso?

Esta película también tuvo escenas en estos pagos, en las que vimos como la impunidad no solo alcanzó a la gestión Erro, sino, también, a los casos Benvenuto, Tressa y 80 viviendas, entre otros, mientras que también vimos como los coordinadores de fiscales, los dres. Tortul y Taleb, fueron siempre bendecidos por sus muy buenos desempeños. 

De este modo, hacia el final de la obra, vimos como la Procuraduría se había convertido en una máquina de atajar penales, ya que el bombardeo de denuncias se había vuelto cada vez más frecuente e incontenible. Así es que cuando explotaron los abusos de Urribarri y los contratos truchos, ya algo tenían que hacer. En este contexto, vimos como surgió el proceso y condena a Urribarri, y el proceso y destitución de Goyeneche.

Terminada esta gran superproducción, pienso que vimos algo así como una larga partida de ajedrez, donde todas las piezas se movieron parte de una misma estrategia, con miras a un objetivo común. Pienso que, en ese tablero, ninguna pieza fue inocente. Pienso que Goyeneche, apenas era la reina, que fue sacrificada para proteger al rey. 

Después de ver toda la película, no puedo comprar la foto. Y no creo que me sorprenda que Urribarri, en segunda o tercera instancia, quede libre de culpa y cargo, ni que, en alguna momento, Goyeneche vuelva a su cargo, y acá no ha pasado nada. Es más, tampoco me sorprendería que los indemnizemos a ambos por haberlos molestado, o porque se sacrificaron por la causa.

Norman Robson para Gualeguay21