Esto es simple: el negocio de las drogas es como el de la leche. Se trata de un mercado que se rige, como todos los mercados, por la oferta de los vendedores, que en este caso son dealers o transas, un producto, que en este caso es la droga, pero bien podría ser la leche, y la demanda de los clientes o consumidores, en este caso, los adictos. La estrategia del negocio, al igual que en la leche, es sumar cada vez más adictos. ¿Porqué el Estado es el principal socio? Porque lucha contra la oferta y no contra la demanda, y, como no es leche, la demanda, por desesperada necesidad adictiva, hace que, por cada kiosco, se abran dos. Al estar el consumo liberado, el negocio nunca se termina.

No se que gana el Estado, ni quiero imaginarlo, pero su ausencia en la lucha contra el consumo de drogas facilita el crecimiento del negocio de la droga. Recordemos que, a diferencia de los consumidores de leche, los consumidores de droga son enfermos que necesitan ese producto, y, cada vez, lo necesitan más, y a cualquier precio. Entonces, cada vez que bajan un transa o un traficante, se rompe la cadena comercial, el producto escasea, y sale más caro conseguirlo. Más caro en dinero, o en contraprestaciones, siempre incrementando el poder de quienes manejan la oferta.

Ahora bien, imaginemos qué, como Estado, en lugar de luchar contra el narcotráfico y el narcomenudeo, lo liberamos, y la plata que nos ahorramos la invertimos en contener y recuperar adictos. Levantamos establecimientos, contratamos profesionales, y los sacamos del consumo. ¿Se imaginan cuántos clientes les sacamos por mes al negocio de la droga...?

Por otro lado, imaginemos que, como Estado, dejamos de hacer asistencialismo, y, en su lugar, diseñamos y aplicamos políticas públicas de asistencia social en serio en los sectores más vulnerables, no para comprarles el voto, sino para resolverlo sus problemas de hacinamiento, salud, deserción escolar, empleo, deporte, etcétera, etcétera. ¿Se imaginan cuántos clientes menos van a ingresar por mes al negocio de la droga...?

Ni hablar si los legisladores modifican la ley de salud mental para que ayude a los enfermos y no para que los devuelva al consumo. Y ni hablar de si se diseñan campañas y sistemas que faciliten la reincerción y aceptación de los recuperados en la sociedad. ¿Se imaginan cuántos clientes perdidos no vuelven más al negocio de la droga...?

Y, sin clientes, señoras y señores, no hay negocio que prospere. Sin clientes, sin dinero, sin ejército, no hay poder, ni poderosos, y, por más bueno que pueda parecer el negocio, desaparece. O sea que, de este modo, algún día terminaríamos con la droga, mientras que, con el modelo actual, ese negocio crece y crece.

Pero... ¿y la sociedad? La sociedad mira, la mitad tranquila porque no cree que le toque, y la otra mitad llora porque le tocó, pero ninguna de las dos mitades parece reaccionar contra el Estado, el único que puede resolver esto. A su amparo, y gracias a su indiferencia, unos 15 menores son expulsados de su hogar a alguna de las esquinas que tiene su barrio, donde se juntan a "porrear". Si Gualeguay tiene unos 40 barrios y dos o tres esquinas por barrio, hablamos de unos 2 mil gurises ya absorbidos por la drogadicción infantil, y prometedores delincuentes infantiles en poquitos meses.

Y todo esto va creciendo. Vos ve.

Norman Robson para Gualeguay21