La realidad actual de la administración política de los territorios hoy deja mucho que desear, con diferentes tenores problemáticos que nos llevan a dudar de la instancia electoral.

Con ese ánimo quiero compartir estas reflexiones. Las discusiones de estos días acerca del aborto han sido muy intensas y, por momentos, se despertaron sentimientos de enojo o tristezas. Pero no te dejes vencer por el desaliento.

El desarrollo y la formación intelectual de una sociedad resultan de la incorporación de información y de su adopción según su cultura, pero, a pesar de esto, actualmente, sufrimos una profunda degradación de estos procesos que nos colocan en una situación más que complicada.

Luego de vivir todo este proceso democrático donde los legítimos representantes del pueblo debaten y resuelven sobre los intereses del mismo, me queda el sabor amargo de la insatisfacción por descubrir que todavía no estamos a la altura de la democracia.

Cada vez es más evidente que la ausencia del padre en la infancia tiene un impacto negativo en los gurises, una realidad que resultó de una política judicial que priorizó los intereses de las mamás respondiendo a las presiones de la corriente matriarcal feminista.

Dicen algunos que tengo cierta habilidad para escribir y emocionar, ojala esta vez logre ese efecto, pero aun así no me atrevo a llamarme a mí mismo escritor, apenas podría considerarme un intrépido poeta.

Que desamparado me siento pensando, y deseando, políticas de Estado en una sociedad que sólo sabe debatirse, irresponsablemente, entre los extremos fundamentalistas del "si porque si" y del "no porque no".

Resulta lamentable y frecuente estos días que diferentes personas pretendan discriminar, y desacreditar, a colegas esgrimiendo la falta de título habilitante, demostrando así su profunda ignorancia sobre lo que significa nuestra actividad.

En estos días se incrementan las voces y los gritos por el debate acerca de las posibles modificaciones a la legislación sobre el aborto. Es muy importante ser claros y firmes en el cuidado de la vida desde que empieza en la concepción.

Quienes asumimos la responsabilidad de informar lo hacemos con pasión y de la mejor forma que nos es posible, cumpliendo nuestro rol dentro de la sociedad, pero, más allá de lo que escribimos, decimos y mostramos, somos gente común que, con creciente frecuencia, y total impunidad, estamos siendo agredidos solo porque la noticia o nuestra opinión no gustó.

Según reza el sabio proverbio, aquel que calla, otorga. Nada tan cierto resulta de observar nuestra historia inmediata, donde siempre imperó el cómodo silencio por sobre cualquier valiente compromiso. Ese es el silencio de los verdaderos culpables de nuestra realidad presente.

Con o sin reforma, las elecciones 2019 iniciaron su cuenta regresiva, pero la clase política de Gualeguay aún permanece ausente e indiferente respecto de las expectativas y demandas de su comunidad, y solo se muestra, de tanto en tanto, para alguna efímera foto.

Cuando invitamos amigos para una fiesta en casa, hace falta agrandar la mesa. Y para eso hay que acudir muchas veces a la imaginación y la creatividad para aprovechar cada rincón. Solemos incluso pedir ayuda a algún vecino, o le encomendamos a cualquiera de los invitados de confianza que se venga con algunas banquetas lo más chicas posible para no ocupar tanto espacio.

Uno de los dinosaurios más rechazados de la política argentina, Leopoldo Moreau, otrora radical, hoy kirchnerista, honró a Gualeguay con su presencia gracias a un personaje tan rechazado como él: Paola Rubattino.

Fueron infaltables protagonistas de nuestra infancia, de plomo para los más viejos, de plástico para los más nuevos, pero eran los de carne y hueso los que nos transmitieron los más nobles valores humanos.

Dios nos ama de verdad. Nos regala la vida, nos llama a ser sus hijos en el Bautismo, nos acompaña siempre.

Desde hace algunos cuantos años, una decisión arbitraria de La Calera provoca una mayor inundación de los campos aledaños, replicando el famoso principio de Arquímedes, pero el Gobierno, desde entonces, siempre lo ignoró.

Si bien es un clásico aquello de que todo tiempo pasado fue mejor, lo cierto es que hay cosas de la modernidad presente que han robado la esencia de algunas cosas, y, entre esas tantas, alguien se robó el espíritu deportivo.

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