Nuestros gustos, vicios, pasiones y conceptos son meras conclusiones que resultan del proceso formativo al que nos sometió la vida desde que nacimos. Desde el principio, cada experiencia, buena o mala, fue moldeando nuestro carácter, tanto en lo sentimental como en lo intelectual y conductual. En otras palabras, no nacimos como somos, sino que, aunque pueden preexistir ciertas propensiones naturales hereditarias, a lo largo de nuestra historia nos fuimos construyendo hasta llegar a ser lo que somos hoy, con defectos y virtudes. Cómo éstas construcciones nos apresan y cuál es el desafío que nos representan.

Le escribo a usted, qué está tan cómodo y distendido en su despacho, lejos y distante de los múltiples problemas que aquejan y agobian al ciudadano común, para ponerlo al tanto de algunos detalles que quizás, en su tan "absorbente" tarea, se le pasaron por alto. Detalles como cuáles son sus funciones, cuáles sus deberes, y cuáles sus responsabilidades, los que, de ser cumplidos, nos ayudaría a los periodistas a publicar las buenas noticias que tanto usted reclama. El ánimo de esta respuesta es intentar que usted no se convierta en otro más en la larga y funesta lista de nefastos funcionarios que nos han llevado a esta realidad que a usted le disgusta escuchar y a nosotros nos angustia informar.

Un día, hace más de cien años atrás, el flaco Tagore nos dijo: "Dormía y soñaba que la vida era alegría, desperté y vi que la vida era servicio, serví y vi que el servicio era alegría...". Barbilargo y envuelto en linos, el flaco sintetizó así la clave del progreso en comunidad, el objeto de la política en toda la dimensión de su esencia, pues solo puede darnos una alegría genuina servirle al mundo, a la especie, pues solo puede hacernos felices ser útil a la vida en su más amplia concepción.

En estos tiempos modernos, el conocimiento, y la transmisión de éste entre los individuos, son los únicos recursos que tiene una sociedad para fortalecerse y enfrentar los desafíos que le depara el futuro. Entre éstos se destaca el desafío de superar las amenazas contra la República y la Democracia como sistema de convivencia, por parte de poderes concentrados u oligarquías hegemónicas, como las que hoy colonizan Latinoamérica. Cómo nos colonizan con el desconocimiento.

En un documento emitido en conjunto, distintas asociaciones civiles representativas de la provincia de Entre Ríos se rasgan las vestiduras por el juicio a Urribarri y el jury iniciado a la fiscal anticorrupción, como si la ausencia de independencia en el poder judicial, y la consecuente ausencia de justicia, fueran novedades. La Justicia lleva casi dos décadas ausente en la provincia, y no solo en el ámbito de la corrupción política, sino en todo el espectro judicial. Esto ya lo sabían bien los políticos, ya lo sabían mejor los abogados, y ya lo viene sufriendo el pueblo entrerriano desde hace rato. Chocolate por la noticia.

En esta mañana primaveral, todos los medios me recuerdan que hoy es el Día de la Democracia, y recuerdan que en un día como hoy, hace 38 años atrás, Alfonsín juraba como Presidente constitucional después de 7 años de dictadura. Todo bien, y pienso que hoy nadie duda que es la madre de nuestras conquistas, la cual, por nada del mundo, estamos dispuestos a sacrificar. Ahora bien, también pienso que no nos ha ido muy bien, y no me dan muchas ganas de celebrar, sino, más bien, de reflexionar sobre qué hacemos mal. Entonces, los medios me muestran como festejarán los políticos esta fecha, y, entonces, empiezo a entender que a ellos sí les ha ido muy bien.

Y ahí está Maby Picon, desde el fondo de la injusticia, pidiendo justicia. Once tipos planearon aquella tarde arruinarle la vida. Y lo lograron. Fue un mediodía caluroso de un primero de diciembre. Año 1974. La locura y la muerte se arrebujaron entonces en las manos de once hijos de puta. La calle se llama Ayacucho, pero ésta es otra batalla.

 

En Gualeguay, los partidos políticos, como tales, están pintados, y sus dirigentes dedicados a conservar el mucho o poco poder que creen que tienen, a la vez que la militancia está dividida entre los que tienen un cargo y están desesperados por conservarlo, y los que no lo tienen y están desesperados por tenerlo. Por último, el gobierno hace la plancha con la triste excusa de la transición. Mientras tanto, la ciudad flota a la deriva sin un destino cierto, cada vez más cerca de caer en el olvido que de ponerse en marcha con un rumbo cierto. Sin una renovación política en todos los sectores, el destino de Gualeguay es reservado.

De cara al futuro, y para enfrentar los desafíos que éste nos depara, una mejora sustancial de nuestra calidad institucional se hace indispensable, sino vital. Para lograr esa mejora, es requisito "sine qua non" una mayor participación política, tan masiva como madura y comprometida, fundada en un conocimiento cabal y completo de la realidad. Masiva porque el desafío así lo exige, ya que de a uno no salimos de este entuerto. Madura porque debemos estar a la altura de la nueva realidad. Comprometida porque debemos entender que de esa participación depende nuestro porvenir. Este ensayo  brinda una visión sobre el tema.

En este crisol criollo de variantes que caracteriza nuestra realidad política, las propuestas están más ligadas a los intereses de cada lider que a cualquier corriente ideológica. Tan es así que muchas son bautizadas con personalismos referidos a ese líder, y otras, opositoras, agregándole un anti al ismo. Desde el Rosismo hasta el kirchnerismo, y sus antis, muchos son los ejemplos de este vicio tan arraigado entre nosotros. Pero en esta patética actualidad preelectoral de carencias argumentales, la mitomanía política ha inventado una nueva corriente vinculada a la culpa del otro: en este caso, el porquemacrismo.

Marcar un antes y un después en la historia de una sociedad significa modificar su modelo y transformar la cultura de sus individuos. Quienes impulsan estas instancias lo hacen a partir de un ejemplo, pero el proceso se consuma recién cuando la sociedad imita ese ejemplo. A un año de su partida, creo que Federico Bogdan le legó a Gualeguay un gran ejemplo, pero aún falta que esta sociedad siga ese ejemplo y consume ese antes y después que él soñó. Este gringo no hizo milagros, ni merece que se los inventen, el solo profesó, tercamente, su convicción de que con solidaridad y honestidad se puede hacer de todo, y así lo demostró.

Días pasados, la Corte Suprema de Justicia de la Nación sentenció, esta vez de forma definitiva, que todos son inocentes. Pero ellos dos ya no estaban. Ella se fue el pasado 23 de septiembre, él se había adelantado el 29 de junio de 2017. Sus partidas de defunción culpan al cáncer, pero, en honor a la verdad, los dos murieron a manos de una Justicia corrompida por la política. La historia cuenta que ambos ya habían empezado a morir a fines de 2014, cuando comenzó su calvario por una falsa acusación teñida de venganza. Hoy aturde el silencio de los medios serviles que entonces alentaron aquella condena social. ¿Quién se hace cargo de estos años de dolor y muerte...?

En toda contienda siempre hay uno que lo gana u otro que lo pierde, sin empates, ni concretos, ni técnicos. En esta elección PASO, hubo, al cabo de su desarrollo, los que la ganaron y los que la perdieron. Una mera cuestión de méritos, así a nivel nacional como a nivel provincial y, especialmente, a nivel local. Es una cuestión de apuestas y resultados: qué apostaron, a qué apostaron, y cómo les fue a cada uno de los verdaderos protagonistas.

La foto muestra un flamante semáforo ordenando el tráfico de una intransitable y, lógicamente, desierta, calle de tierra. Si bien es cierto que se trata del cruce con una ruta asfaltada, el distribuidor en esa arteria desolada sigue siendo innecesario, ostentoso, exagerado y ridículo. Esta realidad, difícil de encontrar en otra ciudad, por más rica que esa sea, delata la ausencia de rumbo, de un plan, de un sentido, y, lo que es más grave, desnuda el desinterés de sus autoridades por tenerlo.

En la actualidad, y desde hace un par de décadas, un universo de privaciones nos impone desde desnutrición e ignorancia hasta frustración y fracaso. Privaciones que excluyen a argentinos, de cualquier estrato social, de aprovechar las oportunidades que ofrece la vida para acceder a un bienestar digno y un merecido desarrollo. De este modo, la exclusión de hoy no solo significa no poder subsistir, sino que ya alcanza a no poder desarrollarnos. Sino, contemos cuántas veces por día escuchamos "no puedo", como queja o lamento.

La fantasía del hombre ha creado innumerables telenovelas de pobres que se vuelven ricos y de ricos que se vuelven pobres, y, en todas ellas, el mérito de unos y otros siempre fue el protagonista. En la historia de la humanidad, en las extremidades del globo, Japón y Argentina  interpretan dos historias contrapuestas en las que el merito es el único protagonista. Puestas ambas sobre la mesa, surge, inevitable, el desafío que enfrentamos los argentinos.

Los argentinos nacemos y, durante nuestros primeros pasos, inhibidos de pensar, vamos siendo obligados a elegir entre los distintos extremos de nuestra dicotomía folclórica, obteniendo finalmente un formato a partir del cual vamos adoptando diferentes poses según la moda que nos va imponiendo la propaganda de nuestro entorno. Así nos construyen nuestras simpatías, gustos, pasiones y pensamientos. Tan sólida es esta estructura que muy pocos logramos replanteárnosla. Es nuestra sagrada cultura de la dicotomía.

A lo largo de nuestra historia, nuestro romance con el poder ha sido más que conflictivo, con relaciones de tormentosa violencia, otras de pervertida sumisión, otras sadomasoquistas, y otras, simplemente, de indefinibles fundamentalismos, pero nuestro romance actual con el populismo es, por lejos, la más enfermiza de nuestras relaciones, combinando, en si misma, engaños y perverversiones, fanáticas obsesiones, adictivas o secuencias, e inverosímiles incoherencias.

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