En estos tiempos que corren, veo cómo crece en la sociedad un escalofriante grado de desconocimiento sobre el sistema republicano en que vivimos, donde la ley y el orden deberían ser las que rigen nuestra convivencia, al igual que crece el nivel de individualismo, con una aguda indiferencia a cualquier concepto colectivo propio de una comunidad. Detecto una suerte de barbarie moderna que crece por sobre la civilización amenazando con cada vez más intolerancia, más caos y más violencia. ¿Qué futuro le espera a nuestra sociedad?

Eso de que el país fue forjado por hombres es una gran falacia. Nosotros solo escribimos la historia, y, por eso, somos los grandes protagonistas. Por eso me gusta eso de que "detrás de todo gran hombre hay una gran mujer", y me gusta parafrasearlo diciendo que detrás de toda gran historia hay grandes mujeres. Así lo testimonia la historia de Margaret Flaherty, mi tatarabuela, una de las tantas grandes mujeres anónimas que construyeron esta nación.

El caso de Micaela García, violada y asesinada en Gualeguay en abril de 2017, y el de Úrsula Bahillo, acuchillada hasta la muerte días pasados en Rojas, reflejan fielmente el grado de indefención que sufren las mujeres en el presente a pesar de lo mucho que se ha hecho en las últimas décadas para protegerlas. Un repaso de las estadísticas y la historia, junto al antes y el después de las políticas de género, llevan a preguntarnos si no será tiempo de revisar lo actuado. 

En esta era de los servicios, cualquier prestación es posible, incluso injuriar y calumniar a alguien con total impunidad. Pareciera ser que para ello basta presentarse en la Fiscalía local, regentada a control remoto por un político frustrado de Diamante, para denunciar a cualquiera de cualquier cosa sin prueba alguna, para que la injuria y la calumnia se hagan públicos para condenarlo socialmente. Luego se archiva la causa y que pase el que sigue.

Es identidad, es costumbre, es distinción. La cultura es un universo de cultos cultivados por cultores. Es el mundo de pasiones profesadas por los ciudadanos que distingue a una determinada sociedad de otra. Es el conjunto de creencias, costumbres y manifestaciones que identifica a una comunidad. El arte es solo un grupo de manifestaciones, apenas uno de sus tantos patrimonios. Los patrimonios culturales son los factores comunes entre los ciudadanos que conforman la soberanía cultural, a partir de la cual la sociedad se desarrolla como tal. 

Es una fea costumbre, es un acto naturalizado de corrupción. "Pedile un puestito, ahora que está ahí te tiene que ayudar", entienden algunos. "Lo acompaño para que, si ganamos, después me dé un puestito", se motivan otros. Salvo que califique en idoneidad para la función, el nombramiento en el "puestito", el cual se paga con el dinero de todos, es una prebenda. La práctica natural de esta "retribución" en toda la política no solo ha agigantado toda la administración pública, sino que la ha degradado a niveles de espanto.

A partir de la recorrida realizada por las reservas municipales sobre el rio Gualeguay, y de publicada mi visión sobre su aprovechamiento socioeconómico, he observado que existe la creencia de que estos tesoros deben permanecer ocultos para mantenerlos protegidos del daño del ser humano. Si así fuera, el mundo no tendría ni Pantanal, ni Tsavo, ni Yellowstone. Un problema cultural que nos atraviesa como sociedad pero que aún no es tarde para que sea corregido.

Anoche comenzó este toque de queda versión democrática y florecieron los mismos vicios de siempre, castigando a inocentes por pecadores. La fácil sigue imponiéndose por sobre la necesaria, a pesar de la gravedad de la situación.

Las autoridades políticas, sanitarias y de seguridad locales brindaron este martes por la mañana una conferencia de prensa sobre la situación sanitaria que les compete. Si bien Gualeguay21 no fue participado para la misma, lo observado en medios colegas solo alienta la incertidumbre y el temor, ya que no queda lugar para errores, y éstos comienzan a costar caros. 

De a poquito se nos ha ido este año, el cual nos ha producido tantas sensaciones encontradas. Yo creo que nadie sospechó por enero o febrero lo que sucedió en el mundo, y acá en Gualeguay, por supuesto. Fue el año en que aprendimos a vivir con distancia y barbijo, aquel que se ha llevado gente que, seguramente, en la noche de comienzo de 2021, nos falte. Entre ellos, Federico, que creo que dejó su huella tanto en lo personal como en lo político.

Cómo no despedir este año, si estamos presentes, a pesar de las grandes ausencias. Las más penosas y sentidas, las ausencias personales, de seres queridos. Las más reprochables, las institucionales y morales. Las ausencias de la verdad, de la dignidad, de la inteligencia y de la conciencia de pueblo y sociedad.

El año 2020 será recordado como un año particularmente especial, en el mundo ante la declaración de pandemia,  se adoptaron medidas inéditas, restricciones a nuestros movimientos, prohibiciones de actividades, etc. etc.

Somos turismo. Esta en nuestra escencia, corre en nuestras venas la pasión de los viajes, los carnavales, la playa, los amigos, las termas en familia. Tuvimos un año hasta el 19 de marzo, y otro desde aquel fatídico día. En este último, el turismo cumplió a rajatabla las recomendaciones de nuestros gobernantes. Los meses pasaron y en el camino cayeron grandes, chicos, perdimos amigos, y, por sobre todo, perdimos competidores, que son quienes enriquecen el sistema turístico. Pero sobrevivimos.

Gracias a Dios, en lo familiar no tuvimos personas enfermas de Covid19, aunque en lo instituciónal, en Bomberos Voluntarios Ceibas, hubo tres casos que surgieron fuera del ambito del cuartel, no pasando a mayores. Sí sufrimos pérdidas de amigos, como Federico Bogdan, Luis Esteban Martínez y Juan H. Paz, que dejan sentimientos  especiales en todo ámbito de la sociedad.

En unas horas termina el 2020 y aún no hice la lista de positivos, negativos y pendientes del año que se va, ni la de proyectos para el que viene. Hace un tiempo mi terapeuta me dijo que no concretaba muchas cosas porque una vez plasmado en el papel quedaba ahi y de algún modo lo sacaba de mi mente como si fuese una actividad tildada. Soy experta en listas, expertísima y no hice la de éste año ni la del año que entra. ¡Tan atípico todo! (que trillado resultó ese adjetivo el último tiempo).

"Un año difícil". Una frase trillada, pero no hay otra. La pandemia nos encontró orgullosamente poniéndole el hombro al país, como siempre, y, como siempre, esa labor de los trabajadores rurales no fue debidamente reconocida. A pesar de ser considerados esenciales para la economía del país, su aporte no se reflejó en las consideraciones de la patronal.

El Concejo Deliberante de Gualeguay ha tenido una intensa actividad durante todo el año con una producción legislativa importante. Para la democracia de la ciudad (porque en su mayoría las ordenanzas han salido por unanimidad), y para la vida cotidiana de los vecinos de Gualeguay.

Ante la Pandemia y 9 meses con las puertas cerradas de los clubes, transitamos horas, días, meses vacíos, y sin un alma. La realidad nos mantuvo alejado de esos lugares llenos de vida, de ocio, de recreación y diversión. Los clubes de la ciudad, sin importar el color, el deporte o actividad que brinden, cumplen una función social, imposible de sustituír. 

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