El cambio adoptado en 2015 significaba mudar de un modelo cultural a otro, pero, como se trataba de toda una sociedad, los responsables de ese tránsito debían haber estado a la altura del desafío, pero, lamentablemente, su ignorancia política, y su improvisación, condimentada con mucha soberbia, están condenando el proyecto al fracaso.

Después de ver que la gente de Puerto Ruiz votó en contra de Macri, y los de Galarza a favor, que madres bonaerenses le dan la espalda a Vidal y que nadie reconoce innegables pruebas de progreso, reconozco que, de ésto, no sé nada. Pero, a partir de esta confesión, sí pude empezar a reconocer lo ocurrido y a intentar explicarlo.

El fin de la dispersión del peronismo explica la derrota del macrismo, que hizo una elección decorosa a pesar de la crisis y retuvo los votos de 2015. Fin de la discusión: la candidatura de Alberto Fernández fue una jugada brillante. Jaque mate. Ninguna encuesta pronosticaba un triunfo tan amplio del frente Todos en las PASO, pero el resultado no es sorprendente.

Si bien todos los cañones apuntan a la polarización, demonizando al opositor, creo que el electorado merece saber porqué le conviene votar por el cambio que propone Macri y no en contra de Cristina, a la vez que pienso que deben saberse los argumentos políticos que distinguen, o diferencian, la propuesta oficialista de cualquier otra del presente y del pasado, y justifican el alto sacrificio de la sociedad.

A partir de las imágenes de paisanos a caballo repeliendo la invasión de su territorio por parte de seudo pacifistas veganos, me permití reflexionar sobre el hecho, sus circunstancias, sus implicancias, y sus connotaciones culturales. Conclusión: la soberanía se sigue defendiendo a caballo.

Una de las enseñanzas que recibimos desde pequeños tiene por meta reconocer a las personas que nos hacen el bien, y tener un corazón que reconozca esos gestos. Gracias a Dios son muchos los que procuran seguir su vocación de servicio y entrega por los demás en la familia, la escuela, la salud, el barrio…

Consumada la marcha atrás en el proyecto del frigorífico de pescados, todo ha vuelto a la normalidad. Hoy, los ambientalistas, los ecologistas y los naturalistas, los políticos y los politiqueros, y los del Ejecutivo, volvieron a la normalidad de su indiferencia, al igual que el río volvió a su realidad de descontrolado saqueo.

Para responder esto me faltan datos, pero, sin lugar a dudas, la nuestra es exageradamente cara y, para nada, me sorprendería que lo fuera. ¿Porqué? Simple, porque gastamos una fortuna en legislación, justicia y seguridad, pilares de la República, para que imperen la inseguridad, la injusticia y el desprecio por las leyes.

Para ingresar a un teléfono móvil, una computadora se nos suele solicitar una clave. Lo mismo para operar con la tarjeta de débito o crédito. Son números, letras, o ambos combinados de modo tal que si no los colocamos adecuadamente el sistema no nos permite el acceso.

La Argentina eligió hace mucho ordenarse por leyes, y, para ello, creó un Congreso. Cuando éste dictó un montón de leyes, apareció el problema: había que respetarlas y, caso contrario, había que hacerlas cumplir. Esto sintetiza uno de los principales problemas que sufre el país desde hace mucho y hoy sufren nuestra ciudad y nuestro río.

Uno de los graves problemas sociales modernos es la ausencia de moral, ya a partir de la temprana edad. La misma surge, en parte, de familias desintegradas por las separaciones de los padres, y, en parte, de madres solteras, donde la formación de los hijos pierde la debida atención.

En la vida cotidiana es común dialogar a partir de algunas preguntas sencillas: ¿cómo te fue en el examen? ¿Qué te dijo el jefe? ¿Cuándo nos vemos? ¿Cómo anda tu familia?

Muchos llaman cabecitas negras, de modo despectivo, a aquellos supuestamente ignorantes que conforman ese segmento social bajo, vulnerable y excluido, a la vez que lo culpan de todos los desaciertos de nuestra historia inmediata, como el populismo. Pero una mirada más detenida expone otra realidad.

Según la quinta verdad del General Perón, el trabajo es un derecho y un deber, ya que todos tenemos derecho a tenerlo, así como tenemos el deber de producir, por lo menos, lo que consumimos. Este es el único parámetro al alcance de todos que demuestra nuestra realidad económica.

Eso se preguntó la oradora, y a mí se me secó la boca. Aparecieron vertiginosamente en mi mente políticos, empresarios y dirigentes del presente y del pasado, y un escalofrío recorrió mi espina dorsal. Ella se refería a esa gente de a pie que, anónimamente, da su vida diariamente para hacer grande este país.

Las tres propuestas centrales para las próximas elecciones están planteadas, las tres incorporaron esencias peronistas a sus perfiles para conquistar un país que semana a semana se pinta más de azul pejotista. De cara a los comicios, el peronismo tiene la palabra.

Pasadas las elecciones del 9 de Junio donde nuestro Partido Justicialista no obtuvo las mayorías necesarias para acceder a la intendencia y senaduría de Gualeguay se esbozaron contra mi persona una catarata de descalificativos y epítetos personales en redes sociales.

En 2014, por disposición de la Municipalidad de Gualeguay, en las buenas manos de Luis Erro, y con el permiso de la Departamental de Escuelas local, en las buenas manos de Martín Müller, se desmanteló gran parte de la oferta pedagógica del Complejo Educativo, donde funcionaban Uader, Leloir y Artes Visuales, afectando seriamente la capacidad formativa docente de nuestra ciudad.

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