Mucho se dice hoy del empresario y político local, pero, cuando hay cosas que no se dicen, lo que se dice se ve viciado de imprecisiones, las cuáles, voluntarias o no, proyectan verdades que no son, por lo menos, completas.

Frente a esto, me voy a remitir, no a sus intimidades privadas, ni a su pasado de empresario, sino a lo que me compete: a su vida pública desde el 2003 al 2015, periodo durante el cual fue tres veces legislador electo por el pueblo, lo cuál, por si solo, no es un dato menor.

Por lo que se, Vittulo nace a la vida política en los tiempos de José Jodor, a partir del aliento de un par de amigos comunes, Alfredo Massoni y Miguel Montefiore, y, a partir de allí, supo menejarse bastante bien, ya que cumplido ese primer período fue electo por el pueblo como senador y, luego de esos cuatro años, nuevamente, como diputado.

Si bien nunca exhibió un perfil político, y aunque fuera señalado como radical de origen, durante aquellos años, logró ser presidente del Partido Justicialista local, también elegido democráticamente por los afiliados al mismo. 

En el primer período, con Jorge Busti como Gobernador, y a pesar de que éste estaba enfrentado con Jodor, se desenvolvió bien y supo construir su continuidad, la cual lo llevó a acompañar a Sergio Urribarri en sus dos períodos de gobierno.

En 2007, Vittulo, ya enemistado con Jodor, quien iba por fuera del PJ, precisaba un candidato, y, frustrado por no conseguir a quienes él quería, repatrió de Buenos Aires al joven delfín de los Erro, Luis.

Cabe recordar que, según los trascendidos, el joven Erro, de entrada, apenas ganada la elección con el aparato oficialista, pleno en muñecos y aviones, desairó a su mentor, y se cortó por las suyas, rompiendo las relaciones e iniciando un enfrentamiento que dura hasta nuestros días.

En la siguiente oportunidad, en el 2011, eligió como candidato a intendente al empresario José Luis Pitón, y fue arrasado por Erro, quien iba en la boleta pegado a Urribarri y a Cristina, pero él resultó electo en la lista de diputados y convivió con Rubén Matorras, quien había llegado como senador acompañando a Erro.

Luego de varias intervenciones cardíacas, en 2015 terminó su mandato como diputado provincial, se retiró de la política y volvió a la actividad privada, pero ya contando con un buen pasar gracias a una importante jubilación.

Si hay algo por lo cual se caracterizó su gestión como senador, a pesar del divorcio de Gualeguay con la Provincia, fue por las obras públicas obtenidas para Gualeguay, ciudad y departamento, entre rutas, escuelas y nuevos edificios, todas financiadas por la famosa reparación histórica para la Provincia acordada entre Urribarri y la Presidente Cristina Fernández de Kirchner. A pesar de esto, y de haberle encontrado a muchos un puesto en alguna repartición provincial, su caracter lo llevó a enfrentarse con muchos referentes, quienes aún hoy lo rechazan.

Ahora bien, respecto a un comprobable crecimiento desmedido de sus bienes durante su gestión pública, no hay mucho que agregar, y las veces que la prensa o la Justicia lo investigó nada surgió, y si surgió y fue ocultado, nadie denunció eso públicamente.

Hasta donde se sabe, el último emprendimiento de Vittulo fue una curtiembre que terminó fundida, pero no por ello se habrían fundido otros de sus emprendimientos, especialmente los vinculados a la construcción y a los negocios inmobiliarios, de los cuales se fue retirando conforme lo fue absorbiendo la actividad política.

Luego de su retiro de la política en 2015, Vittulo aparece comprando el negocio Campostrini Materiales, el mayor de los corralones locales, e iniciando la construcción de unos edificios, entre los cuales hay locales que se los ofreció a reparticiones del Estado provincial que están alquilando.

De este modo, y según lo que se pudo averiguar, toda su actividad actual sería lícita, la cual lo lleva a cumplir con importantes compromisos tributarios, los cuales lleva al día.

Independiente de todo esto, desde el principio de su actividad pública, se lo señaló invirtiendo en propiedades a nombre de testaferros e, incluso, construyendo edificios en el exterior en sociedad con otros políticos, todo con dinero obtenido ilícitamente de la obra pública, pero nunca nadie supo denunciar de todo esto ante la Justicia.

También se lo vinculó a los empresarios de la construcción que realizaron la obra pública en aquellos años, aunque su investidura de legislador nada tuviera que ver con licitaciones o contrataciones de obras públicas, ni con inversiones de otro tipo, pero nadie tampoco denunció nada.

Lo único cierto es que fue legislador oficialista durante uno de los periodos de gobierno más sospechados por corrupción de la historia entrerriana, y que, en base a eso, se recreó entorno a él la figura de un gran operador político que se enriqueció a partir de la corrupción.

En base a esto último, hoy por hoy, mucho se podrá hablar de Vittulo, de sus múltiples negociados y de su millonario patrimonio mal habido, pero, en rigor de verdad, nada se ha podido comprobar en ese sentido, y, nos guste o no, hasta que se pruebe lo contrario es inocente.

Hoy, hasta donde se puede probar, Vittulo es un empresario de la construcción, retirado de la política, que vive de sus negocios y de su buena jubilación de legislador, ingresos que, sumados a los de su señora, le permiten a ambos, si quisieran, viajar al exterior todos los meses.

Sin perjuicio de todo esto, y fundándose en una investigación periodística sobre las veces que viajó al exterior, Vittulo fue denunciado en la Justicia el pasado viernes por enriquecimiento ilícito, lo cual demostrará, o no, las sospechas expuestas.

Norman Robson para Gualeguay21